La mirilla

Tu hijo

04.09.2015 | 14:27
La imagen que ha dado la vuelta al mundo.

Si sólo fuera la única imagen en el mundo, la imagen espantosa de un niño pequeño con sus zapatos pequeños, su pantalón azul y su camiseta roja, tumbado bocabajo con la cara en la arena y los pelos mojados pegados a la cabeza. Los brazos, como cuando uno duerme sin inmutarse, plegados al cuerpo y con las palmas de las manos mirando para arriba mientras que el rostro aparece bañado en una suave espuma de un mar egeo. Si esta fuera la única imagen que existiera en el mundo no se podría escribir sobre ella. Sólo callar. Y llorar. Pero no es la única imagen que existe. La imagen tiene una historia. Y también un mensaje. Porque el niño tiene un nombre y su muerte tiene una razón. La imagen muestra a un niño, que bajo otras circunstancias, hubiera aparecido cogido de la mano de sus padres. La imagen no es un todo, sino la parte de una serie. Hay más. Un policía turco contempla el cadáver. Luego lo coge en brazos y se lo lleva. La cara colgando de lado. También hay un vídeo que muestra al diminuto cuerpo sin vida flotando entre las olas. Como una ballena a punto de encallar. La imagen es insoportable porque es soportable. Y al revés. Al contrario que otras, no produce rechazo a primera vista. El cuerpo del pequeño no está grotescamente retorcido. La funda de la trivialidad aún está entera. No se intuye que se ha ahogado de forma lastimosa. Es mi hijo. Es tu hijo. Es hijo de la esperanza más ingenua y de la confianza traicionada. La imagen tiene un sentido porque se convierte en un proyectil que traspasa sin problemas nuestra capa sensorial y llega directamente hasta el corazón. Hasta un órgano entonces, que no soporta constricciones ni endurecimientos. Un cadáver se caracteriza por ser un trozo de carne mudo. El cadáver de este niño, sin embargo, está gritando más alto que mil trombones y ilumina más que mil antorchas. El cadáver de Aylan Kurdis, así es el nombre de este niño inocente, nos relata un cuento. Un cuento de la vergüenza, de nuestra infamia más profunda. Aún así, a pesar de la angustia, la desfachatez y el dolor que produce ver el cuerpo de Aylan, la imagen guarda algo de esperanza. Basta con contemplar las suelas de sus pequeños zapatos. Apenas están desgastadas. Podía haber llegado muy lejos con ellas.

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