Con otra cara

Una mujer por 35 euros

06.09.2015 | 05:00

Con todos los defectos de nuestra sociedad, las que hemos nacido en un país medio civilizado, –maltratadores y asesinos de mujeres al margen– hemos tenido una enorme suerte. ¿Se imaginan ser mujer en el Estado Islámico? Según las normas de los yihadistas, las mujeres apenas podemos salir de casa, y siempre acompañadas. Si tenemos que trabajar fuera, sólo podemos hacerlo por extrema necesidad y un máximo de tres días a la semana, y no tenemos permitido salir ni para rezar. Al fin y al cabo, consideran que nuestro estado natural es el «sedentarismo» y la «quietud». Nos pueden casar a partir de los 9 años y sólo podemos estudiar hasta los 15; eso sí, sólo ley islámica y «habilidades femeninas» como coser, cocinar o cuidar niños. Por supuesto, todo lo relacionado con la estética es obra del diablo «que la despoja de sus ropas queriendo sacarla de su paraíso de pudor y decencia». Tenemos prohibido depilarnos, someternos a cirugía estética o llevar pendientes. Si salimos a la calle debemos ir tapadas con el burka pero, si éste lleva adornos, pueden darnos entre 20 y 40 latigazos. El castigo físico es habitual contra nosotras, y no hace falta que recuerde lo que ocurre si nos pillan cometiendo adulterio o teniendo relaciones sexuales fuera del matrimonio. Pero, siendo brutal el trato a sus mujeres, el que dan a las de sus enemigos cuando las hacen prisioneras es inconcebible por inhumano. Así, las judías o las cristianas podemos ser esclavizadas, violadas y vendidas bajo el amparo de su ley. Incluso se ha hecho pública una circular verificada por la ONU sobre el uso y comercio de esclavas en el «Califato» que determina que unas 10.000 mujeres han sido ya consideradas botín de guerra y vendidas. Los precios varían con la edad y las más caras son las niñas de 1 a 9 años que cuestan unos 138 euros, mientras que por una mujer de más de 40 años se pagan unos 35 euros. Todo normal para ellos al asumir la literalidad de versículos del Corán como el que señala que «hemos declarado lícitas para ti... las cautivas que Alá te ha destinado».

Lejos de desintegrarla, el tiempo no hace sino extender esta delirante forma de ver la vida conforme avanza militarmente el propio Estado Islámico alimentado por la pobreza y la desigualdad en los países que le dan cobijo.

Entre tanto, desde Occidente, sólo reaccionamos cuando atentan en nuestros territorios y seguimos ignorando que sólo acabando con esa miseria y esa injusticia se podrá poner fin a ese radicalismo que bendice los asesinatos masivos de los «infieles», la destrucción de la historia de otras civilizaciones y la esclavitud y sometimiento de las mujeres.

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