El dulce porvenir

Muy al fondo, a la derecha

09.09.2015 | 05:00

Diciembre está a la vuelta de la esquina y supongo que la política malagueña está aprovechando este mes preotoñal para cogerse la baja por paternidad, casarse o visitar a los padres en Murcia y así, volver con ganas de retomar el exigente pulso democrático de sus obligaciones representativas de aquí a unos días. De modo que, tras dos vistazos al periódico, no me queda otra que hablarles de lo bien que va el sector servicios en nuestra ciudad, para alegría del señor Roca, que copa ya casi el 90 por ciento de la ocupación, al fondo a la derecha, de los privilegiados malagueños que aún trabajan un ratito.

Antes de seguir, he de reconocer que el tema es peliagudo y puede, facilmente, llevar a equívocos. Como prueba, un botón. Me lo desabrocho para contarles una anécdota sufrida en mis propias carnes en México DF, donde acudí por temas laborales no hace tanto tiempo. El retraso en el vuelo produjo que tuviera que coger un taxi para llegar puntualmente a mi única cita, importantísima, sin darme opción a corregir antes otras urgencias. Había caravana y tardé en llegar lo suficiente para convertir lo incipiente en perentorio. Así que avergonzado de ser humano, tras saludar a mi anfitrión y su esposa con toda la amabilidad que me permitía el momento, le rogué que me indicara dónde se encontraba el servicio. ¿Ahora?, me dijo, sorprendido, observando su reloj de muñeca y acentuando mi sonrojo, ya ineludible. Si no le importa, le susurré en sofocable ruego, muy encogidito para concentrarme. Le dijo algo al oído a su señora, que estaba tan asombrada como él, y me pidió que me sentara un momento allí, en la misma entrada. Me quedé sólo y obediente con mi aprieto, sin entender si habían ido a adecentar el aseo o qué ocurría. En seguida llegó una señorita con uniforme de empleada del hogar de teatrillo antiguo de Estudio 1, colocándose derecha la cofia y asegurándome que ella era el servicio y que la disculpara por no haber salido a atenderme antes, pues era su hora de salida y ya se había cambiado de ropa.

Por eso no me extraña la confusión, ni las distintas valoraciones que empresarios y sindicatos hacen de los datos del empleo en el sector servicios de Málaga. Lo que para unos es una terrible urgencia a remediar para otros es una salida. El informe anual del mercado de trabajo elaborado por el Servicio Estatal Público de Empleo, indica que 485.000 malagueños –86% del total– trabajan y dependen del segmento terciario de la economía, el menos productivo, a expensas casi en exclusiva, del turismo. Mientras UGT y CCOO llevan puestas, por esta causa, camisetas recordándonos la filoxera, Javier González de Lara, presidente de la Confederación de Empresarios de Málaga, afirma que la clara terciarización de Málaga «no es algo negativo» en sí, aunque reconoce que echa en falta un mayor peso industrial en la provincia.

Me acuerdo ahora de una visita que hice a un molinero en Coín el año pasado. No se había pasado aún al sector turístico como otros compañeros. Nos comentó el resumen de su actividad agraria. Es un exportador. Le vendía la espelta a Alemania. A 1, decía. Y se la compraba al mismo alemán, ya pelada a 3. Porque aquí nadie tenía la maquinaria necesaria para hacerlo. Allí hay industria y aquí un molino en vías de extinción, eso sí, visitable y con un futuro turístico... ¿envidiable?

*Gaby Beneroso es director de cine y escritor

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