Pasando la cadena

De Piqué a Pérez

16.09.2015 | 01:03

Apesar de su brillantez y de las enormes diferencias que les separan, sus flaquezas les acercan. Gerard Piqué, el defensa barcelonista e internacional español nunca pasará inadvertido. Ha ganado todo lo ganable con el Barça y con España, y eso, unido a la apariencia física y a su insultante juventud, en la que ya amasa millones y fama, le genera envidias. Pero, además, las potencia con su demostrada incontinencia verbal.

Por un lado se podría justificar por su carácter extrovertido y por una inexperiencia vital galopante, que generalmente es larga y con numerosos altibajos para alegrías y penas. Hasta ahora parece que su mundo lo ha sido de rosas y luces; ya le llegarán los días espinosos y las sombras. Pero por otro, demuestra una inteligencia tan básica que, salvo que sus declaraciones encierren solo una pose y una mirada informal y desenfadada ante la vida, le traerá problemas siempre. ¡Con lo fácil que son la generosidad y la elegancia desde el éxito! Pero para ello se requiere madurez e inteligencia emocional.

Es normal que siendo culé a ultranza le traicione el subconsciente y celebre sus éxitos con euforia desmedida; todos lo hemos hecho alguna vez. Pero hasta eso tiene un límite; que es el de faltar al respeto al rival y a sus aficionados. Es más, el disfrute es doble cuando te permites el consuelo hacia ellos y resaltas que han caído con dignidad, aunque hayas sido muy superior, y les felicitas. Llega a ser hasta emocionante, como también hemos sentido y presenciado todos. Y eso no quita para que cuando se trata de rivalidades extremas, como la del Barça y el Madrid, desees que pierdan los contrarios hasta en los entrenamientos. El propio Piqué ha reconocido que Casillas le felicitó un día por una circunstancia familiar, y él le deseó, dentro de la confianza que les une, que le metieran cuatro en su siguiente partido.

Finalmente, y si me permiten la licencia, los amigos, compañeros y allegados del central blaugrana deberían ponerle un bozal, porque asegura que no va a cambiar nunca y que ni se arrepiente ni pedirá perdón. Lamentable. Y lo de menos es que le piten por barcelonista o por política, que en nuestro fútbol ya se mezcla todo; lo peor es que le dediquen música de viento por tonto, para lo que apunta maneras recalcitrantes. ¡Con lo brillante que es como futbolista!

El señor Pérez, don Florentino, sigue en su megalómano empeño de confundir al Real Madrid con su persona. Cada vez que tiene ocasión tacha de anti madridista a cualquiera que ose criticarle. A este hombre también le traiciona el subconsciente, pues es lo más parecido a los dictadorzuelos y a quienes se consideran ungidos por el Cielo para dirigir a los hombres: los mesías de turno que tanto han abundado en la historia y abundan en nuestra sociedad, para la desgracia de tantas personas como ingenuos hay.

Vamos a ver, que él diría, el presidente del Madrid es el dirigente más importante del deporte español. Y desde esa notable atalaya debería llevar las riendas de un club tan importante. Y bajo él y sus directivos, deberían llevar el club los profesionales: gerentes, directores sectoriales, técnicos, jugadores, etc. Y ser responsables cada cual de sus funciones ante la directiva, socios y aficionados merengues. Pero don Florentino, que sin ninguna duda llegó al cargo en el 2000 con ese esquema, como empresario de éxito, ha ido confundiendo su sillón con el banquillo, sobre todo, porque para jugar hace tiempo que se le pasó la edad. Y desde que laminó por segunda vez a Valdano, además de cepillarse a la vieja guardia del Real, hace de todo.

Y como verdadero superdotado, preside, administra, ficha –presume de ello–, echa a técnicos y jugadores, planifica la plantilla y hace de portavoz bajando a la arena de los medios, a los que también se permite aconsejar. Y en esa polivalencia, ¡ojo!, comete los errores que deberían ser de otros.

Un buen amigo suyo –veterano profesional de éxito en empresas semipúblicas– me aseguró que de lo que de verdad entendía era de fútbol, por encima de su trabajo. Debe ser que Pérez piensa igual de él mismo, además de creerse un experto en cuanto maneja. ¿A qué les suena eso? Pues sí: el Madrid es él. Así que, o estás con él o eres enemigo.

Como al otro, deberían bajarlo los suyos de la nube, porque el «hostión» será histórico.

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