Columna abierta

Tsipras, la novedad del líder

24.09.2015 | 05:00

Los griegos que, a comienzos de año, dieron el poder a Syriza, son prácticamente los mismos que lo ratificaron el domingo 20 de septiembre. El programa de ambas elecciones es totalmente distinto y mediaron entre ambos una emergencia de catástrofe económica y social, un ultimátum financiero, un amago de expulsión del euro y de Europa, un corralito bancario (aún vigente), un referéndum contradictorio, una ruptura del partido gobernante y cuantas pesadumbres quepa imaginar en una democracia saqueada por los buitres, vaciada por la fuga de capitales, la evasión fiscal, etc. Las dos llamadas a urnas ilustran un giro de 180 grados en el programa del mismo gobernante. Si el propósito de Bruselas era barrer a Syriza con la artillería más descomunal de su historia financiera ¿cómo se explica esta ratificación en las urnas?

La única explicación es el liderazgo de un hombre, Alexis Tsipras, estampillado como enemigo público de los mercados, sometido a la humillación por desafiar el poder del dinero y empujado al despeñadero de una dimisión que devolviese el poder a la derecha o la socialdemocracia, bastiones del bipartidismo europeo que fueron culpables del hundimiento griego. Todo se ha cumplido, incluida la dimisión, salvo la retirada de la confianza popular en el líder, capaz de mantener incólume la credibilidad personal tras el giro copernicano desde la rebelión hasta el acatamiento. Semanas y meses mantuvo en vilo a la dirigencia europea este pequeño David que no ha vencido a Goliat pero le ha sacado cuantías, plazos, condiciones y carencias que no estaban en el pliego de condiciones del tercer rescate.

La lectura de sumisión es interesada y falsa, amañada por quienes sintieron gravemente cuestionada su autoridad monetaria y por los que fueron sumisos desde la primera hora, cargando sobre la ciudadanía los sacrificios que les dictaron sin amagar siquiera un conato de resistencia para mejorar lo mejorable. La utopía no se consuma en un solo episodio. Los griegos han revalidado su confianza en el líder que va a gobernar los próximos cuatro años, difíciles y ásperos pero proyectados a un futuro preciso y limpio. La fracción autoescindida de Syriza, ahora residual, no supo interpretar el verdadero sentir del electorado. Syriza sí ha sabido, y el liderazgo de Tsipras es el único fenómeno de cambio positivo en la Europa vieja, cansada y rutinaria que se desprestigia ante el mundo con enormes fraudes industriales o se arruga frente a la migración política y/o económica, que tanto da.

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