La señal

El anillo chino

27.09.2015 | 05:00

Javier Romero, empresario malagueño de éxito, que estudió en Deusto y que tiene más dinero que Pastas Gallo, afincado en Shangai y casado con una china a la que conoció en Londres, está vivamente interesado en poner en marcha el puerto seco de Antequera –Vera, después Cajamar– y el anillo ferroviario. Importantes inversores chinos le acompañarían en esta aventura. Cuando hablo del anillo ferroviario siempre me acuerdo de mi amigo Carlos Blázquez, también de Antequera y ex presidente de ASAJA. Él se oponía, claro, al anillo porque rompían las fincas de sus agricultores asociados, a otros les importa un pimiento este pequeño detalle del cuadro, sólo se importan a sí mismos. Pero hablando de China hay que leer un libro, El estudio de China. No es de Ramón Tamames –que tan prolífico es en cuanto se refiere a China y al que debería invitársele al 50 aniversario de Económicas, a la que asistirá la presidenta el 7–. El libro es de T. Colin Campbell y Thomas M. Campbell II y es el estudio más completo jamás realizado sobre nutrición, y por supuesto rebate la mayoría de las tonterías que los papanatas de turno dicen sobre este asunto. Si el problema es ese, que la gente no lee. Por cierto, veo faltas de ortografía en la señalética de la EMT a propósito de reservar espacios en los buses a personas en sillas de rueda. La culpa no la tiene mi querido Miguel Ruiz, el gerente, uno de los profesionales más brillantes de cualquier empresa pública de nuestro entorno, y además autor de éxito, ahí están La tumba de Colón, El Papa mago€ Una vez me dijo que cuando su nombre estuviera en un cuerpo de letra mayor que el título, entonces, sólo entonces, podría retirarse de lo público.

Hablando de libros, me encuentro en Luces a Antonio Almansa –responsable jurídico de la SS, ¡vaya siglas!, la Seguridad Social, no la Shutzstaffel–, y a José Luis Marcos, otrora delegado socialista del Gobierno en Málaga. Cómo pasa el tiempo... José Luis busca un texto de Bertrand Russell, Los caminos de la libertad, un clásico, pero me gustan más otros de este notable matemático, como Misticismo y Lógica. Sigo mis pasos y se me aparece más alto que la torre de la Catedral, Pedro Rico, de Vox, director comercial de García Carrión. Pedro hace más kilómetros que Portillo, vive con Lucía en Archidona y en Navidades van a ser padres. Estamos en la azotea, qué palabra más bonita, del Museo Taurino. El restaurante es de Pepe Rueda. A este paso aquella pastilla, que diría un arquitecto cursi, va a ser una república independiente de este hostelero de Guaro. Cuando se fue de Santa Paula no se equivocó, su tío Frasco continuaría y más tarde tuvo que cerrar. La bodega era de las más importantes de Andalucía y en la época del pelotazo allí se celebraron legendarias comilonas de unos nuevos ricos que se creían inmortales y que hoy sólo merecen el oprobio público, aunque es cierto eso de que ande yo caliente ríase la gente. ¡Pobres hombres ricos! Lo que sí debe celebrarse es el sobreseimiento del caso de la piscina de Francisco Conejo, qué error judicializar hasta la piscina, próximamente el dormitorio de los diputados provinciales, y esto promete en el ala derecha. Me lo cuentan en Granada, en Antonio Pérez Vinos, calle Trinidad Morcillo. Estamos haciendo, hemos hecho ya, un país obsceno. Y que solo Jesús Caldera y Trinidad Jiménez se hayan retirado de la política€ Se imaginan ustedes que la riada de refugiados sirios e iraquíes fuera de políticos españoles dejando sus puestos vacantes y huyendo sin volver la vista atrás. Entonces suena el despertador. Pero durante el día, hay familias que trabajan duro para sacar a sus hijos adelante, caso de Daniel Jiménez, de La Alacena –calle Montalbán, 1–, casado con una moscovita. La semana que viene hablaremos de los rusos. Hasta entonces, les dejo con Verlaine y su Arte poética: da alguna clave:

La música antes que todo sea,

y el Impar vago para ello busca,

el Impar libre por el espacio,

sin que le manche cosa ninguna.

No es necesario que tus palabras con minuciosa propiedad luzcan:

son aún más gratos los versos grises

que a lo Indeciso lo Exacto juntan;

son ojos grandes detrás de velos,

son temblorosos soles que alumbran,

son en un cielo de otoño tibio

azul enjambre de estrellas puras.

Así buscamos el matiz débil,

¡siempre matices! ¡El color nunca!

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