El ruido y la furia

Veinte mil libros

02.10.2015 | 05:00

Cada vez más a menudo me levanto cansado. Acaso con los años voy necesitando alguna hora más de sueño y alguna menos de trabajo, de esos líos en los que me meto yo solo porque siempre he pensado que las cosas han de hacerlas quienes pueden, y yo todavía puedo. Pero de tarde en tarde daría lo que fuera por una mañana quieta, con las horas necesarias para despejar despacio y deleitosamente el montón de libros que se han ido amontonando, con vocación alpina, junto al sillón de leer. A veces me pregunto qué haré con tanto libro. Es una de las pocas acumulaciones que soporto aún. A lo largo de mi vida he ido adquiriendo la costumbre de desprenderme de casi todo porque he ido comprobando que tener cosas es el modo más perfecto de esclavitud, y la libertad es el mayor lujo que conozco. Todo lo que crees poseer te posee a ti. Pero a mí no me importa, de momento, que mis libros me posean.

Después de una no corta carrera de lector he acopiando unos pocos miles de volúmenes que organizo según un poco inspirado criterio basado en el género, la nacionalidad, el aprecio que tengo al autor€ Aún así, el desorden impera, y a mí me gusta que impere, y me gusta contemplar el resultado.

El otro día tuvieron que trastear en el cuarto donde convivo con mis libros por un asunto telefónico. El operario, un hombre joven, miró en derredor nada más entrar y me preguntó: «¿cuántos libros tiene usted aquí?». «Más o menos, unos seis mil», le dije. «Yo me descargué el otro día veinte mil libros. Los tengo en la tablet», respondió con un tonillo de orgullo, como el de quien acaba de comprobar que la tiene más larga. «¿Cuántos libros has leído en tu vida?», le interrogué. Fue sincero en la respuesta: «diez o doce, sin contar los del colegio». «Pues, teniendo en cuenta tu edad, con que te hubieras descargado veinte tendrías ya bastante para el resto de tu vida», argumenté yo, no sin maldad.

Pero se me quedó flotando un resquemor, una picazón que me incomodaba. Eso es lo que nos pasa, que acumulamos por acumular, que de alguna forma que todavía no comprendo hemos asimilado que con acaparar ya está todo hecho, como si tener veinte mil libros en una tablet fuese equiparable a haberlos leído, cuando no es siquiera la esperanza de leerlos jamás.

Así se ha podrido la sociedad occidental, no sé si me explico.

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