Tribuna

Los descendientes de sefardíes

04.10.2015 | 00:38

El tiempo que experimenta amagos secesionistas, nuestra nación se convierte en partícipe de un histórico reencuentro. Hace cinco siglos que fueron expulsados de España, hoy podrán volver amparados en una cálida norma que les devuelve su patria y restituye sus derechos.

Acaba de entrar en vigor la ley por la que se concede la nacionalidad por carta de naturaleza a los descendientes de sefardíes, dando término al ciclo de trabajo legislativo, y abriendo paso al de los profesionales del Derecho que ya han comenzado a ofrecer su asesoramiento para que los cientos de miles de expedientes que se esperan van a presentarse en nuestro país puedan tener buen fin. Las circunstancias excepcionales exigidas por nuestro Código Civil para poder otorgar la nacionalidad por esta vía, concurrirán cuando se acredite la descendencia de sefardíe y el vínculo con España, suprimiéndose la necesidad de renuncia a la nacionalidad antes exigida, así como el deber de cumplir requisitos de residencia.

Nos hallamos en una vorágine de generosidad legislativa, opuesta a la precariedad jurídica que los sefardíes han sufrido durante tanto tiempo. La predecesora de España es Portugal, la cual a principios de año ha comenzado a conceder el mismo beneficio. Ahora España también acogerá a los descendientes de sefardíes, y les abrirá las puertas de la Unión Europea, en cuyos Estados miembros éstos podrán al igual que los españoles, residir, trabajar y estudiar sin necesidad de visados o permisos.

Esta ley surte efectos sobre todos los descendientes de sefardíes siempre que puedan demostrar tal condición, valorándose el origen genealógico, por lo que en algunos supuestos el descendiente de sefardíe podría tener derecho a adquirir la nacionalidad española, pero no gozar de la consideración de judío; tal es el caso de aquellos descendientes de sefardíes que guardan mucha distancia generacional con los judío-conversos. Tendrán eso sí, una amplia tarea por delante, aquella de demostrar sus orígenes, lazos, con la Sefarad, España. Para ello se tendrán en cuenta una serie de documentos que la ley enumera y expresa serán valorados de forma conjunta pero no taxativa. Lo importante es que de la reunión de informes se ponga de manifiesto la descendencia sefardí y la vinculación con España, en la presentación de la documentación se deberá asimismo guardar ciertas formalidades.

Algunos de los elementos a valorar para considerar la descendencia sefardí serán la utilización familiar del ladino o haketía, lenguas empleadas históricamente por sefardíes y sus descendientes, así como el origen de apellidos. Es conocido que los sefardíes descendientes de los Anusim, conversos forzados al cristianismo tras el Decreto de los Reyes Católicos de 1492, llevan apellidos que han sido utilizados por sefardíes durante el siglo XV pero que no demuestran que su portador sea sefardí, ya que se trata en su mayoría de apellidos de gentilicio español u origen portugués que fueron adoptados por los judíos obligados a convertirse en un intento por ocultar sus orígenes. Por tanto, muy pocos sefardíes llevan los apellidos que sean sefardíes de origen, o que se encuentren única y específicamente entre Anusim. En este contexto, será de especial relevancia aportar estudios sobre el origen del apellido y documentación complementaria que pueda acreditar la descendencia de sefardíes, como por ejemplo, libros de familia que reflejen ascendencia judía en línea paterna (quienes cuentan con ascendencia judía materna se consideran judíos, teniendo más fácil acreditar la ascendencia sefardíe).

Si bien el pueblo judío no solo sufrió persecuciones en España, es en nuestra tierra donde forjaron sus mayores raíces y crearon fuertes lazos, por eso la expulsión y ahora acogida de los sefardíes no retornados adquiere un especial significado. Tal como lo describe el gobierno español, nos encontramos ante un día de justicia, que por medio de la legalidad, da comienzo a una etapa política reparadora de la vida errante y cautiva que otrora se causó a los sefarditas.

La norma ha generado gran expectación, sobretodo en aquellos lugares en los que residen las mayores comunidades judías, tales como Argentina, Turquía o Estados Unidos. No obstante, el beneficio tiene fecha de caducidad, y el plazo que tienen los favorecidos por la ley para presentar su petición formal de nacionalidad será de tan solo tres años. Por ello, es recomendable que los interesados en solicitarla empiecen a preparar su expediente lo antes posible, en aras a prevenir demoras indeseadas en la obtención de la documentación, así como a lograr una temprana respuesta a su solicitud.

*Mª del Carmen Lozano Donate es abogada del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga

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