En corto

El enigma Rivera

05.10.2015 | 05:00

Aunque Albert Rivera es el adalid nacional de la transparencia, no logro evitar que su rostro me parezca enigmático. Debe de ser una percepción equivocada, pues una memorable proeza como la que protagoniza sería imposible si la gente no lo viera diáfano. Por ejemplo, Rajoy me parece claro en su tortuosidad, en la que se regodea, Sánchez en su desparpajo de buen chico vendedor de imagen, Iglesias en su ambición e inteligencia, y hasta Mas en su pétrea voluntad de hacer historia para que se olviden las historias. Rivera, en cambio, trasluce en momentos una debilidad, una fisura bajo la aparente tersura de la tez, un amago de tic que no llega a formalizarse, un tropiezo en el discurso que al final no fragua en fallo. Es como si alguno de los tensores que aguantan por su faz, y por su deambulación por el escenario, estuviera algo flojo, aunque no baste para desestabilizarlo. En fin, no se.

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