En corto

Sinodales

07.10.2015 | 05:00

Dicho sea con el mayor respeto, para un observador ajeno a nuestra cultura (en la que, al ser ya parte del paisaje, no sorprende) resultará muy chocante la escena de 270 célibes provectos, varones todos ellos, tratando de regular la moral de matrimonios y familia, hablando como si supieran mejor que nadie de qué va la cosa, y un avisado Papa –también célibe, provecto y varón– tratando de sembrar entre ellos al menos alguna duda sobre la doctrina tradicional al respecto. Es cierto que la moral nace siempre de la propia renuncia, y de la voluntad de tratar de imponerla en algún grado a los demás, pero esta explicación psicológica, o sociológica, o lo que sea, no le quita fuerza a la perplejidad que suscita la escena que se desarrolla en Ciudad del Vaticano. Si el Espíritu Santo no ve razones para intervenir, reflejándoles lo absurdo de esa escena en su conciencia, no sé para qué está.

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