Cartas al director

10.10.2015 | 05:00

Nostálficos de sus "triunfos", por Julian Fernández Blanco

«Váyase Sr. González», le decía el candidato Aznar en el Congreso de los Diputados, porque se creía con el derecho de enderezar España, cuando la legislatura socialista tambaleaba por la inseguridad nacional de su política socialista que no había logrado consolidarse como tal.
Y así fue, porque el Partido Popular se impuso en las urnas y desplazó al PSOE a la oposición.

Ahora ambos líderes están en la cuneta, uno aprovechándose de la puerta giratoria que pudo obtener al hacerse amigo en su mayoría absoluta de quienes luego le ofrecieron empleo bien remunerado, y el otro..., más o menos lo mismo pero haciéndose presidente de la fundación Faes, muy vinculada al PP en la mayor subvención e ideología casi de extrema derecha.

Desde ahí y por los medios, el expresidente Aznar se hace valedor de los méritos de su mandato, erigiéndose junto a su exvicepresidente Rato, precursores de un milagro económico que en principio convenció a gran número de españoles, pero que ahora ha demostrado que no hay tal milagro, cuando vemos a su amigo Rodrigo con acusaciones de corrupción en medio de los tribunales de justicia y embargado de sus bienes.

No voy a detallar las otras corrupciones del PP ya sabidas por la opinión pública, porque ya se suman implacablemente a un sin fin de imputaciones en curso, lo cual da de lleno en la línea de flotación del Partido Popular, que junto al paro, el problema autonómico y mal comunicador de algún logro (si lo hubo), se ve abocado a una debacle electoral sin prece-dentes, e incertidumbre tortuosa de no saber quién va a ser ahora su real oposición.

Ahora, Felipe González y José Mª Aznar cobran por sus conferencias y se permiten opinar muy abiertamente sobre el proceso electoral abierto en España, pero lo que no debieran de olvidar es que sus «momentos» se demuestra ahora que no fueron lo que pretendían, sino que quienes salieron más favorecidos fueron los bancos y la implosión de la burbuja inmobiliaria, de la cual aún estamos todos «disfrutando» sus nefastas consecuencias.

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