Tribuna

La vida cotidiana del alma

11.10.2015 | 05:00

La concesión del premio Nobel a Svetlana Alexievich es histórica: apuesta por el periodismo como arte. En estos tiempos en los que el oficio que el también periodista Gabriel García Márquez consideraba más bello del mundo vive momentos de cambio entre amenazas constantes que ponen en peligro su credibilidad y, por ende, su condición de servicio público blindado contra los poderes fácticos y el virus de la banalidad, el trabajo de la autora de Voces de Chernobil es un ejemplo del que tomar buena nota. No sólo por el rigor de su propuesta crítica y lúcida, sino también por la calidad literaria. ¿Quién dijo que sólo se puede hacer arte con la ficción o la poesía?

En su extraordinaria crónica del desastre nuclear, Alexievich recurre a los testimonios de personas reales para convertirlos en monólogos cargados de emociones, sin necesidad de una cámara podemos ver (no hay pantalla más poderosa y nítida que la imaginación Ultra HD 4K) esos rostros y sus expresiones. Sentir su dolor, su rabia, su estupor, su incomprensión. Sus miedos. Qué ganas de leer el resto de obras de esta autora aún no publicadas en España para alimentar la convicción de que con géneros como la crónica, el reportaje o la entrevista (sí, Capote; sí, Gabo; sí, Talese; sí, Mailer) se hace puro periodismo, pura literatura. Pura palabra.

Arranca Voces de Chernobil con fragmentos de informaciones del accidente nuclear. Varios e ilustrativos. Y, de pronto, tras ese prólogo frío y sin concesiones, irrumpe el calor humano. La esposa de un bombero que murió aquel maldito día (Vasili Ignatenko) abre el coro de voces . «En mitad de la noche oí un ruido. Gritos. Miré por la ventana. Él me vio: ´Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Volveré pronto». Nunca volvió. La autora, a continuación, se entrevista a sí misma y se explica: «Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma». Captar la vida cotidiana del ama: ¿no es una hermosa manera de definir el periodismo que engancha a los lectores?

Pero el periodismo no es sólo exponer testimonios. También debe investigar. Indagar. Cuestionar. Golpear donde más nos duele. Por eso la autora se dejó llevar por lo que llama «la sensación de misterio»: aquel suceso lleno de tragedias y también de secretos ocultos «es un enigma que aún debemos descifrar. Un signo que no sabemos leer. Tal vez el enigma del siglo XXI. Un reto para nuestro tiempo».

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