Al azar

Ciudadanos, el PP bonito

12.10.2015 | 05:00

En el pliego de descargo previo, «el PP bonito» carece de sentido peyorativo. Asociada a Ciudadanos, la expresión más o menos infeliz pretende enfatizar el contraste entre los profundos idearios que reclaman los partidos y la persecución atolondrada de una estética triunfadora. En su libro de entrevistas con Ramón Lobo, bajo el revelador epígrafe de «No estoy dispuesto a que me roben el alma», el exiliado Juan Carlos Monedero denigra los informativos humorísticos y a su juicio pervertidos del Gran Wyoming. Por lo visto, proclamar la verdad siempre sarcástica ante una cámara tiene menos mérito que poner cara de robot mientras se declaman textos ajenos. En contradicción consigo mismo, el cofundador de Podemos descalificó tras las elecciones catalanas al cabeza de lista de Catalunya sí que es pot. El fallo no había sido estructurar una amalgama cacofónica y definida con más de cuatro palabras, sino presentar un candidato que «no enamora», pese a las inexcusables virtudes que le adjudicaba simultáneamente el politólogo.

Por tanto, la izquierda más radical que ha irrumpido en la política estatal propone argumentos hollywoodienses para el casting de candidatos sin casta. El propio Albert Rivera admite deportivo la etiqueta de «partido de moda» para su formación, otro vínculo con los maniquíes. Tras derrotar a PP, PSOE y Podemos en las elecciones catalanas, Ciudadanos se ha consolidado como el nuevo valor refugio de la derecha. Desde este título, ensaya una extrapolación incierta a las generales navideñas. El sorpasso sería una medida higiénica para deshacer la intimidad de la derecha con la corrupción, a falta de decidir si en la formación emergente hay más albura o enjalbegadura.

Los números frenan el entusiasmo. La traslación matemática de los 25 diputados catalanes de Ciudadanos, desde un Parlament de 135 escaños a un Congreso de 350, supone 65 escaños naranjas en Madrid. Una bisagra clave para propulsar a cualquier otra opción con voluntad mayoritaria, pero alejada de la aspiración a gobernar. Los restantes partidos han bajado en Cataluña, pero la proyección automática dejaría al PP en menos de treinta parlamentarios estatales, una cifra desfalleciente en exceso pese a los esfuerzos de Rajoy por jibarizar su partido hasta la extinción. El espléndido marcador catalán de la formación de Rivera se ha logrado en una situación extrema, plebiscitaria por ambos bandos. De ahí la temeridad de Arrimadas, al doblar la apuesta solicitando una repetición de la convocatoria. Si funciona, no lo arregles.

Se requiere un optimismo arrollador para entregar el liderazgo de la derecha a Ciudadanos, pero la alegría arrebatadora de Rivera prevalece sobre sus contenidos, al enfrentarse a un PP cariacontecido cuando no malcarado. Atrae porque desea presidir un Gobierno, Rosa Díez solo aspiraba con UPyD a un ministerio para su augusta persona. Croacia se anunciaba en los medios internacionales bajo el eslogan «El Mediterráneo, como lo fue una vez». La formación naranja ha descubierto un mediterráneo. Las formulaciones que suenan cansinas en otros labios, adquieren un nuevo vigor en un partido cuya ideología en construcción será definida por sus votantes de aluvión. Enamoran, que diría Monedero. Ejercen la misma fascinación que un nuevo modelo del coche de toda la vida, con la inestimable ventaja de que entre los accesorios no figura el combustible Rafael Hernando.

Rajoy no se molesta en estudiar a su clientela, que le abandona en masa. Ha menguado el atractivo de la españolidad sin más ingredientes, o rehogada en corrupción. El PP confiesa idéntica decepción con Rodrigo Rato que con Granados o Bárcenas, pero con un apreciable retraso sobre los delitos investigados. La maldición de la izquierda era la inflación de siglas, el quietismo del presidente del Gobierno ha fracturado de momento un centroderecha homogéneo desde la muerte de Franco. En el ciclotrón español, la aceleración de las partículas políticas puede evolucionar hasta el 20D. A diferencia de Podemos, el sello de Ciudadanos cuenta con la bendición del Ibex 35, que desea sacudirse el espectro de Syriza. El concepto de formación emergente se reservaba hasta hace poco a Pablo Iglesias. Casi logró que los conceptos igualaran en importancia a la imagen. Si pretende volver a enamorar, obedeciendo a su antiguo amigo, deberá aplicarse el mandato adolescente de Carlos Fuentes en La voluntad y la fortuna. «No dejábamos pasar una sola idea, línea o verdad sin someterla a juicio».

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