La Mirilla

Chicas, a bailar

14.10.2015 | 05:00

Si no diera tanto miedo, lo de Corea del Norte sería de chiste. Dado el secretismo que rodea todo lo que pasa en ese país, uno no sabe qué es verdad o es mentira, pero cuesta creerse que el dictador Kium Jong- un ordene ejecutar de un cañonazo a su ministro de Defensa por quedarse dormido en un acto; a su tío y número dos del régimen por perjudicar la economía; o a un alto cargo del departamento de bosques porque criticó la política forestal del país, tal como aseguran los servicios de inteligencia surcoreanos. Aunque posiblemente los motivos de estas ejecuciones no sean tan simples, lo que sí es indudable es el férreo control del dictador sobre su pueblo. ¿Se acuerdan cuando se murió su padre, con todos los norcoreanos gritando de dolor, mesándose los cabellos y rasgándose la ropa en cuanto tenían una televisión delante? O son muy sentidos o sabían que asistir indiferentes a la muerte del líder les podía costar la cabeza. Como para no tener miedo. Aún ando yo temblorosa después de las imágenes del desfile de soldados clónicos del otro día con motivo del 70 aniversario del Partido de los Trabajadores mientras Kium Jong-un amenazaba a los Estados Unidos y a sus socios capitalistas con un ataque nuclear. No es difícil imaginarlo como una mezcla de Joker, lord Voldemort y Magneto hortera e histriónico pero con peor gusto. Como con los villanos del cine, nadie creería que es real. A ver si no cómo se puede presenciar el espectáculo que han montado por lo del 70 aniversario con la actuación del grupo de música favorito del dictador y, por supuesto, de todos los norcoreanos. El grupo se llama Moranbong y está formado por una decena de mujeres que tocan desde el violín a la trompeta interpretando una mezcla de pop y marcha militar con temas con títulos tan sutiles como «Mi patria llena de esperanza» o «Pensamos en el Mariscal (Kim Jong-un) Día y Noche». Corre por ahí un vídeo con todas ellas vestidas de blanco a
medias entre enfermeras y marineras, muy casto, eso sí, tocando y cantando ante un público imposible: unas 15.000 personas, hombres en su mayoría, uniformados y serios aplaudiendo con contención como un ejército de ciborgs. Dicen que las Moranbong son un símbolo de modernidad en su país porque llevan el pelo corto y enseñan las rodillas, pero yo al verlas no puedo evitar acordarme de una película en la que un nazi obligaba a bailar a un judío a punta de pistola.

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