El ruido y la furia

Trigo limpio

Lo peor que puede pasarle a Europa es que sea toda de trigo. A mí una Europa de trigo y de maíz y de cebada y de avena me parece más rica y más nutritiva

16.10.2015 | 05:00

Me fascina el ser humano casi con la misma intensidad con que me da miedo. Qué animal, qué otro animal, establece desde sí mismo el punto cero de todas las medidas, de todos los tamaños, de todos los trayectos. Con toda la naturalidad del mundo fija el fiel de la balanza en la marca exacta donde se encuentra y desde ahí establece las dimensiones del universo. Descartes nos enseñó que la cosa mejor repartida del mundo era la inteligencia, pues todos están seguros de haber adquirido el mejor lote, y la reflexión vale para todo lo demás, de ahí que raras veces el malo reconozca la bajeza de su maldad y que el grande acabe siempre sobredimensionando su grandeza.

Un arzobispo ha hablado en estos días de «trigo limpio», y me ha quedado el reconcome de saber qué es para monseñor eso del «trigo limpio», cuál es el grado de pureza que deja pasar su fino filtro. Lo ha dicho en referencia a quienes en estos días están llegando a Europa en busca de un refugio, de una oportunidad. Al arzobispo le escama que sean tantos, y sospecha que no todos son buenos. Esa es otra medida, la de «bueno», de la que no sabemos qué regla es la adecuada para medir, porque hay tantas como personas. Quizás, en su caso concreto, se refiera a que no son cristianos, olvidando tal vez, con esa amnesia que tienen tantas veces los altos cargos eclesiales, que los primeros cristianos llegaron a Europa precisamente del mismo sitio del que ahora llegan estas pobres gentes y también huyendo de una persecución injusta.

Pero el arzobispo recela. Teme que esto sea una invasión en vez de una huida. Pero, de ser así, sería una invasión en patera y no en barcos de guerra, una invasión de niños y viejos, de mujeres embarazadas y de hombres cansados y no guerreros, una invasión que en vez de a por el oro viene a por las migajas. Si es así poca invasión será, y poco habrá que temer de ella más allá de tener que acomodar alguna costumbre y hacer un poco de sitio para los críos donde ya solo quedaban ancianos.

Lo peor que puede pasarle a Europa es que sea toda de trigo. A mí una Europa de trigo y de maíz y de cebada y de avena me parece más rica y más nutritiva, más humana e incluso más cristiana que la exclusivista Europa del trigo, sobre todo teniendo en cuenta que la última vez que alguien tuvo esa ocurrencia le costó a la Humanidad sesenta millones de muertos.

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