Punto final

Los mitos no se retiran

18.10.2015 | 05:00

Raúl González Blanco anunció el pasado jueves que colgará las botas cuando finalice la temporada en Estados Unidos. Para muchos, era algo que ya había pasado en el mismo momento en que Raúl dejó de vestir la camiseta del Real Madrid. Él demostró que no era verdad en las dos temporadas que jugó en Alemania, en las que siguió marcando goles y liderando un equipo en tan poco tiempo. Pero para muchos de mi generación, es una noticia muy importante. Y es que muchos hemos crecido admirando a este jugador.

Raúl no es un simple jugador de fútbol. Es la definición perfecta de lo que significa el talento. Todos sabemos que hay muchos jugadores con una técnica individual mucho mejor. Raúl no da pases de cincuenta metros, ni hace controles imposibles ni regates increíbles, ni chuta a puerta desde treinta metros. Él es otra cosa. Su mayor virtud es la inteligencia en el juego, que le hace estar siempre en el lugar adecuado en el momento idóneo. Además de esa inteligencia, el talento de este jugador radica en poner todo su fútbol al servicio del equipo. Raúl antepone el bien de su equipo al suyo propio. A pesar de ser un delantero, lo he visto jugar de media punta, de extremo izquierda, de extremo derecha o incluso de medio centro. Sería capaz de jugar hasta de central si su equipo lo necesitara para ganar un partido.

El carácter ganador de Raúl se metió en el corazón de la grada del Bernabéu desde el mismo momento que debutó con el primer equipo del Real Madrid, con tan solo 17 años. Ese carácter le hizo liderar el vestuario de su equipo de toda la vida año tras año. Y eso a pesar de que un verano y otro fichaban jugadores de primer nivel mundial que podían vender más camisetas, pero nunca eclipsaron al delantero madrileño.
De él no recordaremos goles inolvidables por su ejecución, pero sí por la importancia de muchos. Lo que nunca olvidaremos es esa capacidad para celebrar las victorias con el máximo respeto al rival como felicitar a quien salió vencedor con ese mismo respeto.

Por todos estos valores Raúl fue para mí, que soy entrenador, un ejemplo a transmitir a todos aquellos jugadores que he entrenado puesto que, aunque me dedico a otro deporte, los valores que intento inculcar a mis chicos son los mismos que Raúl me mostró desde aquel día que salió a la luz pública aquella tarde en La Romareda.

Nunca vi jugar a Di Stéfano. Sólo algún video. Todos hablan que «La saeta rubia» fue un mito y que cambió el fútbol en el Real Madrid. En la época moderna el mito se llama Raúl González Blanco. Sin duda Cristiano Ronaldo será el siguiente. Los números del portugués son estratosféricos y serán muy difíciles de superar. Pero Ronaldo, que tiene muchas virtudes, nunca llegará a representar lo que era Raúl para nosotros cuando éramos jóvenes. Esto es una lástima para todos los niños que no lo conocieron ni lo vieron jugar porque nunca sabrán lo que significaban todos esos valores que él representaba para aquellos chicos que sí crecieron viéndolo jugar.

Ahora, el Real Madrid no puede dejar pasar la oportunidad de contar con Raúl. Supongo que querrá seguir ligado al fútbol y, si es así, su club de toda la vida tiene el deber (y el lujo) de ofrecerle el puesto que él mismo elija. Raúl tiene la capacidad de ser lo que él elija. Espero que no quiera ser entrenador del primer equipo porque esa profesión es muy jodida y no me gustaría verlo pasar por una destitución cuando los resultados no sean los esperados, algo que más tarde o más temprano pasa puesto que ganar o perder a ese nivel es cíclico.

Donde me gustaría verlo es trabajando con jóvenes, mostrando a las nuevas generaciones de chicos todos esos valores que él nos transmitió a muchos, valores como la humildad, la honradez, el compromiso, la implicación o el equipo, valores que ahora cuesta más ver en otras estrellas y que tan grande han hecho a Raúl.

Lo que está claro es que, haga lo que haga, muchos seguiremos sus pasos para seguir aprendiendo de él. Los mitos nunca se olvidan y me da que Raúl todavía tiene mucho que enseñarnos.

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