La señal

¡Oh, patria mía!

18.10.2015 | 05:00

Lo dice mi fisioterapeuta, Magda, de calle Barroso, hay que desconectar del trabajo. Pero lo que no hay que hacer es desconectar de la realidad, como Rajoy mientras Montoro vende que él es el que sabe lo que pasa en la calle, yo creo que sí, que él y el de Interior, Jorge Fernández, saben algo. Donde no saben es en la Escuela Oficial de Idiomas. Tiene mérito que cuando no hay largas colas que llegan hasta la Rosaleda es un error informático el que deja a cientos de alumnos sin matrícula, y no pasa nada. España es un país de impunes. Porque hay que ver el papelón que ha hecho la Junta con La Cónsula y con el CIO Mijas, y el que tuvo que hacer José Carlos Aguilera dando la cara por los políticos que no tuvieron lo que hay que tener para aparecer por allí. ¿Cómo se llama el que no tiene vergüenza?, que no me acuerdo. Pero alegra saber que ya se ha apresado a la ex pareja del fuengiroleño asesinado en Argentina cuando iba, pobre, a recuperar a su hija. Los dramas del hombre son menos dramas, y andémonos con cuidado, no sea que la Inquisición de nuestros días nos señale con su dedo acusador. Igual pasa con las palabras del cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, quien se pregunta cómo quedará Europa de continuar esta llegada masiva de emigrantes y refugiados. Decía el prelado que no se puede jugar con la historia y la identidad de los pueblos. Parece que cada nación debería ser la protagonista de su propio destino pero no, se lleva un asistencialismo sin límite que obvia lo razonable y que pasará factura y fractura. Solidaridad y humanidad toda la que nuestra libre voluntad decida pero ¿usted no cierra acaso la puerta de su casa cuando entra y sale? La demagogia siempre fue incompatible con la verdad. Quizá se trate de que España tiene diabetes. Ésta es una enfermedad que afecta directamente a los ojos, ya que con el alza de la glucosa se inflaman los vasos sanguíneos y se producen hemorragias que provocan la falta de oxigenación del tejido y, por lo tanto, se nubla la vista.

Es como lo de Miguel Roca, que no sólo defiende –la pela es la pela– a la Infanta que no sabía nada, sino ahora a los presuntos en su paseíllo ante el juez, después se viene hasta el Colegio de Abogados de Málaga y no pasa nada. Lo grave es que Francisco Javier Lara, el decano valiente, lo invite. Recuerdo a nuestro alcalde, Francisco –tenemos un Papa Francisco y un alcalde Francisco– hace muchos años cuando decía en la Tertulia del Congreso –entonces en El Gallo de Indias– que los nacionalistas catalanes de independentistas no tenían nada, que eran leales, ya. Si es que siempre fue más cómodo convivir, como con la Casa Invisible.

Alfredo Taján, en cambio, se escapa no por donde solía, la literatura, sino por el arte –pero ¿acaso el arte no es literatura y la literatura arte?, me pregunto en la soledad del sofá–. Taján, de origen argentinosirio, como Menem, acaba de publicar Los mandamientos del agua en la galería de arte Benedito (Manuel Sánchez), al que todos reconocen su importante apuesta artística y al que algunos llaman, injustamente, fenicio. En estas, me tropiezo con el impar Juan Herrera, abogado granadino afincado en Málaga, que lleva pleitos de suelos, y nos ponemos al día de nuestras cuitas y no paramos de hablar de Granada, le cuento mi visita a la abadía del Sacromonte y la historia de los Libros Plúmbeos, una estafa de los moriscos para evitar su expulsión. Conozco otras estafas más indignas en la ciudad del Darro, allá las sierpes con su pasado, que las castigue Dios por sus pecados.

De regreso a casa, han sido varios los amables lectores que me han pedido que incluyera el poema Esperando a los bárbaros al que aludía la pasada semana. Kavafis sigue mereciendo el aprecio del público sensible –en breve, estará en las librerías una obra del autor griego en Pre-Textos con epílogo del profesor de la UMA y buen amigo Vicente Fernández–:


"¿Por qué esperamos congregados en la plaza?
Hoy tienen que llegar los bárbaros.
¿Por qué reina tanta indolencia en el Senado?
¿Qué hacen los senadores, sentados sin dar leyes?
Es que hoy van a llegar los bárbaros.
¿Qué harán ya los senadores?
Cuando vengan, legislarán los bárbaros".

cima@cimamalaga.com

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