Cartas al director

20.10.2015 | 05:00

Político kleenex, por Luis Escobar Huerta
Aguirre y González «me trataron como un kleenex» cuando dejé de serles útil, denuncia el ex secretario general del PP de Madrid Francisco Granados. Pero un kleenex no es libre, mientras que Granados aceptó colaborar con esos políticos –ya desacreditados por sus manejos– para ayudarles, como un kleenex, a disimular sus también voluntarios desechos morales, por lo que debería reconocer que le trataron como lo que él quiso ser. Tiene, pues, muy merecida la cárcel, en la que esperemos que pronto le acompañen otros políticos «granados» de su entorno, para intentar reciclarlos y tener un país más limpio.


Deontología médica, por Carlos Orense
Recientemente hemos vivido en los medios el dilema planteado a la familia de Andrea: Continuar con el soporte vital mediante alimentación e hidratación por diversas vías, hasta su muerte natural, muerte no muy lejana y sin ninguna esperanza. Todo ello con los cuidados paliativos que obviaba todo tipo de sufrimiento a la paciente, aunque no evitaba el dolor de la familia. Claro está, sin mantener el reprobable ensañamiento sanitario no deseado por ninguna de las partes.
O bien, suspender dicho soporte vital, suprimiendo la alimentación artificial, continuando con la hidratación y el tratamiento paliativo por expreso deseo de la familia. Como así fue tras una serie de dimes y diretes.
La casualidad ha querido que el mismo día en el que murió Andrea se hizo pública en Francia la sentencia sobre el caso «Lambert», un hombre en estado vegetativo desde hace siete años, pero no terminal.
Tras una larga disputa sobre un paciente en estado vegetativo desde 2008, un tribunal francés ha dictaminado que los médicos pueden, de acuerdo con su criterio, negarse a retirar la alimentación. Algunos familiares pedían lo mismo que los padres de Andrea: que se le retire la alimentación parenteral y se le sedara para que muriera. Otros parientes y el equipo médico actual se oponen. Los jueces responden que los médicos tienen «independencia profesional y moral» para decidir el tratamiento adecuado a un paciente, y por tanto no se les puede obligar a actuar contra su criterio clínico.

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