Crónicas galantes

Dos Landas en Dinamarca

22.10.2015 | 05:00

Un liberal recién salido del tinte y un exbolchevique descolgado del árbol de Lenin coincidieron el otro día en Dinamarca, aunque lo cierto es que se encontraban en un bar de Barcelona. Son magias propias de la tele: esa fábrica de sueños y de políticos que ha incubado a Pablo Iglesias (junior) y, en menor medida, a Albert Rivera.

Tanto el líder de Ciudadanos como el guía de Podemos descubrieron en el encuentro su común devoción a Dinamarca, el país del dubitativo príncipe Hamlet.

A Iglesias le gusta de ese paraíso socialdemócrata el sistema de relaciones laborales, el mucho gasto público y el copioso salario mínimo. Para Rivera, la economía danesa en general es su modelo de referencia. Otra cosa es que en Dinamarca no exista, en realidad, un salario mínimo; pero tampoco hay por qué entrar en estas quisicosas de detalle durante una amigable charla de bar.

El caso es que los dos abanderados de la nueva política pretenden hacer de España un remedo de Dinamarca, pese al inconveniente algo enojoso de que por aquí no abunden en demasía los daneses. Se conoce que las ilusiones del landismo siguen tan vivas como hace medio siglo en nuestro país.

En el viejo imaginario español, el paraíso estaba repleto de suecas: aquellas mozallonas de rotundas curvas a las que pastoreaba Alfredo Landa en las películas del tardofranquismo. La pasión por las carnes socialdemócratas llenaba los cines, naturalmente. En la España nacional-católica y pudibunda del general Franco era grande, como se sabe, el hambre de sexo que acuciaba al personal.

Saciados de tales carencias gracias a la democracia, los españoles siguen presas de la misma fascinación que Landa por los productos de los países escandinavos. No hay más que ver en la tele a dos jóvenes promesas de la política nacional compitiendo en halagos al modelo de Escandinavia en general y al danés en particular. Tantas y tan obvias fueron las coincidencia que hasta Iglesias bromeó sobre la posibilidad de que Podemos y Ciudadanos se presenten juntos a las elecciones. Con Dinamarca como programa, es de suponer.

Si acaso, convendría saber de qué país estaban hablando Rivera e Iglesias durante su distendida charla en la taberna del Tío Cuco. Pese a su fama, sin duda merecida, de socialdemócrata, Dinamarca es uno de los países más liberales del mundo en lo que a modelo económico se refiere.
No solo es que allí no exista el salario mínimo, contra lo que equivocadamente cree Iglesias. Además de eso, es una nación puntera entre todas las del mundo en materia de flexibilidad laboral –es decir: facilidades para el despido–, apertura a los mercados e incentivos a las empresas de las que tanto desconfía el líder de Podemos.
Se trataría, para entendernos, de una economía capitalista clásica –con sus multinacionales y sus grandes empresas–, corregida, eso sí, por los altos impuestos que le permiten aplicar el novedoso concepto de «flexiseguridad». Una combinación de mercado libre e incluso muy libre con niveles de protección social lógicamente superiores a los de la más menesterosa Europa del Sur.
Si a todo ello se añade que Dinamarca cuenta con importantes recursos de petróleo y gas natural, difícil va a ser que aquí imitemos ese modelo. Aunque bien está que nos lo propongan los dos Landas que el otro día se pirraban por las (políticas) escandinavas en el bar de la tele. Solo les faltó requebrar a las suecas.

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