Pasando la cadena

Y llega Raúl

23.10.2015 | 01:09

Aún recuerdo su debut con el Madrid de Valdano en Zaragoza. Como entusiasta de los futbolistas jóvenes, me dispuse esperanzado a conocer al juvenil que venía rompiendo los registros goleadores desde crío, cuando pertenecía al Atlético de Gil –vaya vista tuvo el inabarcable personaje disolviendo las bases colchoneras, empeñado en hacer filiales por España, sin embargo, con el Cádiz de su amigo Irigoyen en la primera probeta. ¡Un desastre! Otro más?–. Y lo que vimos esa tarde no fue nada especial. Un chaval descarado que parecía jugar sobre alambres torcidos, por su escuchimizada figura, que, todo voluntad, falló varias oportunidades de gol.

Pero de ahí a la gloria, gracias al empeño de Valdano por mantenerlo en el equipo. Esa apuesta, como la contraria del fallecido dirigente atlético, nunca aparecerá en la contabilidad de sus clubes, porque los hitos de verdad relevantes de cualquier institución nunca se contabilizan como debieran. Podría exponer muchos ejemplos de temas que he conocido bien al respecto. Se exponen los números pequeños de lo realizado, pero nunca los grandes de lo que se debería haber hecho en su lugar o, de lo que genera a la larga una decisión acertada o errónea. Es la mayor falacia contable. Eso no va nunca en el balance aunque signifiquen la vida o la muerte de lo que se analiza y se expone como realidad cierta. Esa realidad que es la foto de un día cualquiera, pero siempre consecuencia de decisiones tomadas mucho tiempo antes. La verdadera responsabilidad de quien dirige cualquier cosa. La esencia de un dirigente. Su obra.

El otro día hablábamos de goleadores y jugadores, pero Raúl es mucho más que eso. Indudablemente es el mejor goleador español de todos los tiempos, pero también significa bastante más. Guardiola lo señaló como el mejor jugador español de la historia, y tal vez no le faltara razón, aunque cuando lo dijo España aún no era bicampeona de Europa y del Mundo consecutivamente; solo albergaba la Eurocopa del 64 de Suárez, Amancio, Pereda, Zoco y Marcelino, entre otros.

Más que gol y juego, Raúl es espíritu. Un espíritu solo comparable al de los irrepetibles Di Stéfano, Gento o Pirri. Y lo ha demostrado donde ha ido. En Alemania retiraron su número del equipo, como en la NBA hacen con sus mitos. En el Madrid, donde ahora le espera don Florentino con los brazos sospechosamente abiertos y la boca pequeña, no supieron estar a su altura cuando dejó el club voluntariamente –es un decir– al llegar Mourinho, antes de que el ´ser superior´ de Butragueño, que sigue ahí porque sabe dar lustre a su señorito, se lo cargara, como hizo con Del Bosque, Hierro y este año con Casillas, o con el mismo Valdano dos veces. Demasiado brillo para el único sol que puede lucir en el todavía Bernabéu –¡cómo le jode el insigne nombre de don Santiago al señor Pérez!–.

Raúl representa lo que nos gusta a los amantes del fútbol como deporte y espectáculo emocionantes, antes de que el vil metal, único objetivo, viniera a ensuciarlo. Juventud, se tengan los años que sean; valentía, pundonor, profesionalidad, juego, goles, espíritu, honradez, limpieza, amor auténtico a una camiseta, sacrificio y humildad en el triunfo y en la derrota; esa virtud que solo atesoran los grandes de verdad.

Y ahora, cuando entona el difícil camino de la retirada desde el éxito y el reconocimiento allá donde ha estado, vuelve a su casa. Y es lógico que en el Madrid aguarden con expectación sus intenciones, más allá de que todo el planeta fútbol ansíe verlo convertido en otro referente aun con distintas funciones.

Dice Pedrerol, descosido palanganero presidencial, que don Florentino aspira a que se convierta en el Guardiola del madridismo. Debería saber el presentador catalán que la historia no se repite, aunque pueda asemejarse, y que dentro de la amistad que se profesan desde su eterna rivalidad de clubes, aunque compañeros defendiendo a España, ¡ojo!, atesoran cualidades opuestas. Y tendrían que remar en condiciones diferentes.

Guardiola, junto a Cruyff, son quienes más riqueza económica y futbolística le aportaron al Barça en jugadores y títulos, de la contable y de la que decíamos; pero Raúl representa algo más. También podría hacerlo si le dejaran hacer –ojalá–, pero igual que aquellos salieron del Barça por la puerta de atrás, mientras en el Real manden el dinero rápido, los intereses bastardos –empresas ajenas– y la egolatría, Raúl estaría condenado a lo mismo. Al tiempo.

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