Con otra cara

Más daño hace el hambre

01.11.2015 | 02:02

Llevo a régimen desde después del verano, y ahora que había conseguido perder los kilos que me sobraban y me relamía imaginándome un plato de morcillas de cebolla o un bocadillo de sobrasada mallorquina, me encuentro con que la Organización Mundial de la Salud alerta de que la carne procesada es tan cancerígena como el tabaco o como el plutonio, nada menos, y que también la carne roja es «probablemente carcinógena» con el miedo que da eso. Así que hay que tener cuidado con las costillitas de cordero, con el asado de cerdo de los domingos e incluso con el jamón serrano por muy pata negra que sea, algo que me preocupa menos porque, con mi presupuesto, el jamón del bueno sólo lo pillo en Navidad y estoy dispuesta a arriesgarme. Además, de algo hay que morirse. Vamos a ver.

Me encanta fumar pero lo dejé hace tiempo por el miedo al cáncer. Me encanta el queso pero lo limito porque engorda y porque en el último análisis tenía alto el colesterol. Me encantan el chocolate relleno de fresa y el tocino de cielo pero no los pruebo para caber en una talla 40. Me encantan las peladillas, pero además de engordar destrozan los dientes. Odio el ejercicio pero salgo a andar porque es bueno. Me gusta comer la fruta con piel pero la pelo por los pesticidas y los plaguicidas. Me encanta la coca-cola pero tomo poca porque dicen que es mala, y hasta me contengo ante el sanísimo revuelto de pavo que se ha convertido en un fijo de mi alimentación porque, según mi madre, es malo comer más de tres huevos a la semana.

Los salados suben la tensión, los fritos engordan y son nocivos, la leche sienta mal a los adultos, el azúcar es veneno, los edulcorantes aún lo son más, hay que tener cuidado con los cereales porque para hacer harina contienen aluminio; el arroz, arsénico, y el maíz, mercurio. Los mariscos aumentan el colesterol, las pizzas tienen demasiadas grasas saturadas, de las hamburguesas ni hablamos, los zumos de break son malísimos porque llevan demasiada azúcar, la margarina daña el corazón, los alimentos enlatados llevan un producto tóxico, las palomitas de microondas pueden producir infertilidad.... En fin... creo que sólo se salva la coliflor, pero da la casualidad de que no me gusta.

Visto lo visto, he decidido ceder ante la morcilla de Burgos al menos en ocasiones, y dejarme de zarandajas. Al fin y al cabo, lo más perjudicial para la salud es el hambre y, sin embargo, cuando la Organización Mundial de la Salud alerta de las miles de personas que mueren cada día en el mundo por desnutrición no se monta ni un ápice del revuelo que ha generado la alerta ante los riesgos de un consumo elevado de mortadela.

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