Las siete esquinas

Derecho de autodeterminación

01.11.2015 | 02:02

Como reacción a la declaración de ruptura con el Estado Español del nuevo Parlament de Catalunya, una gran parte de nuestra izquierda –la que se sitúa a la izquierda del PSOE– ha anunciado que piensa introducir el derecho de autodeterminación en nuestro ordenamiento jurídico.
Eso han dicho, de una forma u otra, Pablo Iglesias y Alberto Garzón y también el juez Baltasar Garzón. Todos ellos creen que con esta propuesta contentarían al independentismo catalán, y así conseguirían que no se llegue a proclamar la independencia y se alcance un acuerdo satisfactorio para las dos partes. Es decir, que redactando una nueva constitución y otorgando el derecho de autodeterminación a todos los pueblos que ahora forman eso que ellos llaman «el Estado Español», se conseguiría contentar de una vez por todas a los independentistas. Curiosamente, los independentistas catalanes distribuyeron hace unos años un informe en el que aseguraban que muchas constituciones del mundo –entre ellas la alemana y la francesa y la húngara– otorgaban el derecho de autodeterminación.

Todo esto muy raro. He repasado las constituciones del mundo –Google es muy útil para estas cosas– y he descubierto que hay muy pocos países que reconozcan el derecho de autodeterminación dentro de sus propias fronteras, es decir, para regiones que forman parte del propio territorio nacional. Lo que sí ocurre, en cambio, es que algunas constituciones reconocen ese derecho, pero sólo como principio teórico y cuando afecte a terceros países –en el caso de territorios sometidos a ocupación extranjera o a dominio colonial–, pero nunca cuando pueda afectar a la integridad territorial de sus propios estados. Y esto significa que el informe de los independentistas era un camelo, porque ningún país de la Unión Europea reconoce el derecho de autodeterminación –ni Francia ni Alemania ni Hungría ni Letonia–, igual que no lo reconocen Estados Unidos ni Canadá ni Australia, ni mucho menos China o Japón o Rusia. Y más aún, el principio de la indivisibilidad territorial es unánime en todas estas constituciones.

Y aunque cueste creerlo, el derecho de autodeterminación tampoco existe en las constituciones más avanzadas, sobre todo en términos de retórica. Bolivia, por ejemplo, tiene una constitución muy reciente redactada por Evo Morales y su mayoría de izquierdas –tan admirada por Pablo Iglesias y la CUP y Alberto Garzón–, en la que se rechaza el neoliberalismo y se proclama «el Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario». Esta constitución plurinacional quiso hacer justicia a los muchos pueblos indígenas de Bolivia, sometidos durante siglos a la postergación, pero sólo les garantiza «la libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno y a su cultura». Es decir, que la constitución plurinacional boliviana sólo concede una autodeterminación muy limitada para los pueblos indígenas, que viene a ser equiparable a las autonomías que tenemos en España. Otra constitución «popular y bolivariana», la venezolana, no reconoce el derecho de autodeterminación dentro de sus fronteras. Y tampoco lo hace ninguna otra constitución latinoamericana. Y no conviene olvidar que en Bolivia, hace siete u ocho años, la región más rica, Santa Cruz, reclamó un referéndum para administrar los ingresos de sus riquísimos yacimientos de gas. La izquierda en bloque se echó en contra del proyecto y declaró anticonstitucional el referéndum. Nuestra izquierda, me temo, no parece haberse enterado de nada.

Hay muy pocas constituciones que reconozcan el derecho de autodeterminación para sus propios pueblos, y sólo se trata de países con muy escasa tradición democrática. Etiopía reconoce el derecho a la autodeterminación dentro de su territorio, con secesión incluida, aunque exige una mayoría cualificada de dos tercios del Parlamento para solicitar la secesión. Y Sudán también reconoce el derecho de autodeterminación, pero sólo para la región de Sudán del Sur, que de hecho se declaró independiente en 2011. Aparte de estos dos países, sólo hay otros tres que lo reconozcan, aunque de forma menos clara y rotunda. Son Liechtenstein, el archipiélago caribeño de St. Kitts and Nevis y Uzbekistán. Dicho de otro modo, el reconocimiento constitucional del derecho de autodeterminación nos llevaría a ponernos a la altura de esos tres colosos de las tradiciones democráticas que son Etiopía, Sudán y Uzbekistán. Ah, sí, se me olvidaba Liechtenstein, ese país tan pequeño (160 kms cuadrados) que uno se pregunta si no sería una broma de alguno de sus fundadores incluir el derecho a dividirse.

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