Punto final

Escrito en el trofeo

11.11.2015 | 05:00

La mujer dio un grito de placer al enterarse. Claro que apenas tenía una semana para cumplir con el delicado y urgente encargo. La firma Motul, patrocinadora del GP de Valencia en el que se decidía el título de MotoGP entre Valentino Rossi y Jorge Lorenzo, se había olvidado de encargar los trofeos. Y alguien de Dorna, que tiene recursos para todo, pensó en la firma Trofeo Lider, situada en la calle Escudillers, de Barcelona. Y allí está ella, Chon Sola, que se puso manos a la obra en un santiamén. Y, no solo hizo unos preciosos, enormes y llamativos trofeos para Cheste, no, también se hizo una placa personal, particular, para ella, donde grabó el nombre de Jorge Lorenzo, no solo como vencedor del gran premio, sino como tricampeón. Y Chon la pegó al trofeo y llamó a su esposo, el expiloto de 250cc y resistencia Octavio Tenorio, dueño del negocio, para que le hiciese una foto. Chon fue visionaria, adivinó, sabía, que Lorenzo iba a ganar, a ser tricampeón, a coronarse ante 110.130 espectadores. Y también la noche del domingo lo celebró en la calle Escudillers. A lo grande.

Porque aunque no lo parezca, Lorenzo hizo el domingo feliz a mucha gente. Especialmente a su círculo más íntimo entre los que están, cómo no, mamá María. «Soy muy feliz y, aunque Jorge me haga sufrir mucho, aunque no vea sus carreras, aunque me tape hasta los oídos cuando estoy en los circuitos, como hoy (por el domingo), para no intuir ni siquiera lo que pasa, me siento muy orgulloso de él, de su comportamiento, de su manera de actuar en un mundo tan difícil y competitivo como el Mundial de motociclismo». «Ha hecho un carrerón», le contó papá Chicho a Movistar TV. «Ha estado impresionante, muy bien, mucho, y ha querido ganar la carrera para despejar dudas».

Lorenzo es un superviviente que estudió artes marciales para llenarse de energía positiva y es, dicen, un auténtico maestro en sofrología. «Empecé hace años, aprendí de una profesora y, en momentos delicados como el del domingo, funciona de maravilla porque es vital conservar todas tus energías para centrarlas en lo que haces, para emplearlas en la pista. Los nervios te desgastan, te hacen perder esas energías», contó este chico de 28 años, ganador de 61 carreras (las mismas que ´poles´) de los 232 grandes premios que ha corrido.

Ya queda muy poco de aquel niño que tuvo que esperarse, en el 2002, a cumplir 15 años para poder debutar con Derbi, donde su jefe, Giampiero Sacchi, le obligaba a dar los buenos días antes de coger la moto. «O das los buenos días al equipo cuando entres en el box o no te dejo correr», le exigía GP, que ayer fichó al vasco Efren Vázquez para darle una Suter de Moto2 el próximo año. Lorenzo era duro, rebelde y muy chulito. Pero ya no queda nada de aquel muchachote atrevido. «La gente, afortunadamente, me va conociendo y empieza a ver que una cosa era aquel niño que se peleaba con todo el mundo y otra, muy distinta, este adulto que intenta comportarse educadamente fuera y dentro de la pista». A Lorenzo, que le tocó vivir la desagradable experiencia de ver cómo Rossi construía un muro en el taller de Yamaha para que el recién llegado no le copiase la telemetría (y ¡mira por dónde!, el Doctor ha sobrevivido todo este año calcando sus datos los sábados por la noche), le retiene en el equipo de los diapasones el cariño que le tiene su jefe, el británico Lin Jarvis, de lo contrario es posible que, en estos momentos, meditase un cambio de equipo aunque le quede un año de contrato.

Preguntado Jarvis cómo lleva eso de ser el intermediario de dos campeones que no se pueden ver, el caballero de Yamaha estuvo sembrado: «Yo creo que me ayuda mucho, mucho, no ser español ni italiano. La posición neutral te ayuda mucho. Tengo gran experiencia en esto. Primero trato de que no me arrastre el pánico. No tomo pastillas pero un gin-tonic a final de la jornada siempre me sienta de maravilla».
Jorge Lorenzo Guerrero, el pentacampeón de la sofrología.

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