Mal de Ojos

Siempre con preservativo

15.11.2015 | 05:00

Si folláis, que sea con preservativo, leo que dijo hace unos días Mercedes Milá a los patanes de la casa de Gran marrano. Recuerdo que jamás veo esa basura de programa por una especie de principio de dignidad personal, de línea roja que el comentarista se marca, así que lo que sé de esa banda lo sé porque veo vídeos destacados o comentarios en la red. Si folláis, que sea con preservativo, dijo la ordinaria presentadora. No por hablar así, con lo que me identifico porque las cosas se llaman como se llaman, sino por el grado de vulgaridad con el que maneja su tiempo de televisión, el modo de dirigirse a la audiencia, sus gestos ampulosos, sus ridículas pataletas, sus gritos y monsergas. Si yo viera con regularidad Gran hermano no lo dudaría. Lo vería con preservativo. Sin excepción. De fact, digo como dice la peripuesta Ana Pastor, que ha pasado de ser la periodista que no se conforma con la primera respuesta a la periodista que ha de dejar clarísimo que ELLA es la reina del plató, de hecho, digo, he generado un preservativo de máxima seguridad cada vez que mi mando se detiene un poquito en Telecinco, que siempre veo en estado de guardia. Hace unos días hablaba Aura Gimeno en Milán con Umberto Eco para Salvados de su último libro, Número cero, donde el profesor pone en marcha «la máquina del fango», la técnica de ensuciar la imagen de un personaje conocido difundiendo la idea de que algo esconde, aunque el contenido de ese «secreto» esté vacío. Es lo que viene haciendo Sálvame con sus cebos para mantener pegada a su audiencia, es la técnica del chapoteo suave, de la salpicadura con fango apenas visible. Es, dice Eco, una actitud infantil, es como la del niño que dice, «yo sé una cosa que tú no sabes». La técnica del anuncio del secreto ya es una forma de amenaza y chantaje. Dice que ha habido una terrible caída moral en el campo de la información pública. Y de nuevo tengo la imagen de Pedro Piqueras en Telecinco dilapidando con su máquina del fango el periodismo, convertido en sus manos en polvo y estruendo.

Espectadores enfangados

De nuevo es Eco quien pone el acento en lo relevante. Dice –cuántas veces lo hemos dicho aquí– que el auténtico fango está en la pasividad de los consumidores de noticias. De esas noticias, de esos programas, de esa cadena, apunto yo. Pongamos ejemplos que clarifican lo expuesto, es decir, llevemos la mirada a situaciones de uso diario, a ese fango cotidiano que expele cada rinconcillo del concepto de televisión que Paolo Vasile ha levantado en nuestro país con la connivencia de una audiencia que la consume con una pasividad de verdad llamativa. La semana pasada se casó en su pueblo sevillano Eva González –Masterchef, La 1, y Se llama copla, Canal Sur– con el torero Cayetano Rivera. Sálvame, como tantos otros programas, envió a un reportero al evento. Explicó el menú, donde dijo que había rabo de toro, algo que «no puede faltar en una boda taurina». Ni cuernos, contestó desde el plató Paz Padilla. ¿Qué me dicen? Sí, sí, ya lo sé, esta señora es una genia del humor, maldita sea, retírenmela de mi vida, es otra de las grandes ordinarias de la cadena, otra que va soltando excrementos y fango cada vez que abre la boca. Cría zorras y te sacarán la polla, podría decirse de una aprendiza de la Milá, una que ganó el concurso bandera de la cadena, el que la explica y define. «No he ganado GH15 por ser la más folladora», ha dicho la tipa, frase impecable que pondrá cachonda a La Merche. Por eso me horroriza que algunos padres, muchos padres lleven al vertedero de Telecinco a sus hijos con la idea de que triunfen en Pequeños gigantes, críos indefensos al albur de los códigos de un programa que sólo busca la rentabilidad comercial apretando las clavijas del entretenimiento más ruin. El dolor y la decepción de la cara de los niños perdedores, de los no elegidos, es un martirio al que jamás sometería a mis pequeños. ¿Quién es Florentino Fernández, con sus caras de idiota y sus comentarios sin fuste, para elegir o eliminar a unos niños que sólo debieran prepararse en el cole? ¿Por qué Jesús Vázquez tiene que consolar a mi hija cuando ve que se le sale el corazón, que apenas puede respirar, y las lágrimas le resbalan por sus mejillas en mitad de un plató desolado y hostil, por qué mi hija está ahí? Porque hay papás que participan del aquelarre y porque hay espectadores que consumen el producto sin preguntarse nada más. ¿Qué les importa lo que hay al otro lado de las bambalinas?

El cipote de Aritz

Mientras Antena 3 sigue subiendo al cielo del entretenimiento de la calidad con Tu cara me suena la noche del viernes, la casa de Jorge Javier tira de Amador Mohedano, un menda de una mediocridad lapidaria, estructural, un donjuán de club de alterne, para competir a la misma hora, y resulta que las gilipolleces de este triste patán consiguieron casi empatar en la batalla, a la que se sumó la terrible operación de Kiko Matamoros, que entró al quirófano para ponerse guapo y salió de él hecho un adefesio. Telecinco fabrica el fango. Los espectadores lo consumen sin protección ninguna. Hablando de preservativos. ¿Llevaba el futbolista Álvaro Morata alguna prevención en su visita a El hormiguero? Lo digo porque su cara era la de no entender por qué todo el mundo se divertía menos él. La sección de Ana Morgade le pilló con el preservativo puesto y su cabeza no dio más de sí, no entendió nada. Es guapo, pero cortito. Al contrario que Han, el chino granaíno de Gran Hermano, mi debilidad, que le metió mano a Aritz durante la noche, pero «sin maldad ni nada», hecho que llevó al vasco al confesionario para decir que «me ha metido las manos hasta dentro y me di cuenta de que me estaba tocando el cipote». Supongo que sin condón ni nada, hala, como los locos. Pero como no fue a mayores, la señá Milá no tuvo que recordar que «si folláis, que sea con preservativo». Servidor, cuando se pone ante Telecinco, aunque sea poquito, siempre tiene un condón a mano, Mercedes, así que tranquila.

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