Tribuna

Adiós, Juan Alberto

16.11.2015 | 02:07

Quisiera hablaros de Juan Alberto González. Juan es el muerto español de la sala Bataclan. Para vosotros es un nombre en un periodico, un muerto más, entre muchos otros. Yo tuve el placer, (en estos momentos la desgracia), de haberlo conocido. Y si tenéis un minuto, me gustaría que le conociérais vosotros también.

Juan era un madrileño ingeniero industrial que trabajaba en EDF. Yo le echaba treinta y pocos, hoy me he enterado de que tenía 29. Cuando llegué a París, lo conocí por casualidad en una fiesta que organizaba su empresa.

Yo acababa de llegar aquí para hacer un máster en energía, y curiosamente él trabajaba precisamente en ese campo. Evidentemente, como todo recién llegado, le dije que estaba perdidísimo, que no sabía qué hacer, con quién contactar.. la típica historia del que acaba de llegar a no sabe muy bien dónde. Le dije que estaba buscando unas prácticas de fin de master, a ser posible en su empresa. Rápidamente me dio su correo entre risas y cervezas, y me dijo que le escribiera a ver qué podía hacer por mí.

Nos enviamos unos cuantos mails, él hizo lo que pudo, pero al final no pudo ayudarme. Casualidades de la vida, al final encontré las prácticas en su empresa, por medio de otro amigo.

Cuando me vio aparecer por allí, se puso loco de contento de verme. Estuvimos discutiendo un buen rato, que cómo íbamos y cómo nos trataba la vida y tal, y que era bueno tenerme por allí.

No os voy a mentir, no era mi amigo del alma, era un colega de curro simpático. Un tipo que sin conocerme de nada, se tomó sus molestias en ayudarme a buscar unas prácticas, y su tiempo en responder a mis correos dándole la brasa sobre cosas que a él ni le van, ni le venían.

Nos veíamos de cuando en cuando por lo pasillos, un «¡buenos dias!, ¿Qué tal, cómo vas? ¡Qué bien te veo, fenómeno! ¡Nos vemos!». Uno de esos «¿qué tal, cómo vas?» fue la semana pasada. Me dijo que habia un clásico Madrid-Barça que se acercaba, y que si quería podía ir a su casa a ver el partido, echábamos unas cervezas, que habría más españoles y que lo pasaríamos bien. Yo tenía prisa por montar en el ascensor, y le dije que le tendría al corriente. Y esa es la última vez que le vi. Lo mínimo que puedo hacer por ti es dedicarte estas líneas. Menos tiempo del que tú me dedicaste a mí sin conocerme.

Juan no era mi hermano, Juan era solamente lo que los que somos de pueblo llamamos «buena gente». Descansa en paz y que Dios te bendiga.

*Pepe Rodríguez Briones es compañero de trabajo del español fallecido en los atentados

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