Tierra de nadie

Impostura

17.11.2015 | 05:00

Tropecé en la calle con un viejo conocido al que hacía tiempo que no veía. Precisamente, me dijo, esta noche he soñado contigo. En mi interior sonó una señal de alarma cuyo sentido no descifré hasta pasadas unas horas. Resulta que hacía dos o tres años habíamos coincidido en un restaurante y me había dicho lo mismo: que aquella noche había soñado conmigo. Pura mercadotecnia social, pensé. Ahora bien, ¿qué vendía? Ni idea. Por la noche llamé a un amigo que conocía al sujeto en cuestión y le conté lo sucedido. Me contó que también había soñado con él, o eso le dijo en la cola de un cine, hacía un mes o mes y medio.

Al día siguiente, iba a Hacienda a resolver unos papeleos cuando oí que alguien me llamaba. Me volví y era una excuñada con la que había perdido toda relación desde que se separó de mi hermano, hacía ya cuatro o cinco años. Como no sabía muy bien de qué hablar, le dije que, curiosamente, esa noche había soñado con ella. Percibí que se sintió muy halagada, por lo que durante las semanas siguientes repetí la fórmula con ese tipo de personas que ves de ciento a viento en presentaciones de libros a las que no deberías haber acudido o en bares en los que no deberías haber entrado. Precisamente, esta noche he soñado contigo. Ah, dice el otro felizmente confundido por esa confesión.

He advertido también que lo normal es que no pregunten de qué iba el sueño. Lo que importa aquí no es el argumento, sino que el otro haya formado parte de él. Que alguien se meta entre tus sábanas, aunque sea para mal, implica que forma parte de tu vida y a todo el mundo le gusta formar parte de la existencia de los demás. Vivir en la conciencia de los otros, dice Carrère. Pero el truco, en poco tiempo, se ha generalizado y es una peste. El martes pasado alguien me dijo que había soñado esa noche conmigo antes de que me diera tiempo a que se lo dijera yo. De todos modos, lejos de arredrarme, le dije que también yo había soñado con él. Se quedó de piedra, claro, atrapado en la impostura que yo le había devuelto como uno de esos espejos deformantes. Esa noche soñé con una prima segunda o tercera a la que vi de lejos al día siguiente, entrando en una farmacia. Ni siquiera me atreví a acercarme a ella.

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