Cartas al director

21.11.2015 | 05:00

A confraternizar con musulmanes, por Pablo Osés Azcona
La Marsellesa. Qué excitante música y qué maldita letra. Porque no hay sangre impura. Ni tenemos que vengarnos. Ni hacer que nuestros enemigos al expirar vean nuestro triunfo y nuestra gloria Claro que hay que impedir que el EI pueda seguir matando. Hay que desactivarlo efectivamente. Que lo hagan trabajando bien y coordinados los políticos y las fuerzas de seguridad. Pero que a nosotros los ciudadanos nadie nos excite a matar a nadie. Ni a tener miedo. Ni a vengarnos. Ni a odiar. Empujados por la Marsellesa que nadie nos lance contra los musulmanes. Ya sé que son muy diferentes, que nos resultan casi incomprensibles. Pero con los musulmanes cohabitamos en el planeta. Hay que comprenderlos, hay que confraternizar. Que no nos exciten contra ellos sin distinguir entre Estado Islámico y musulmanes. EI es un grupo musulmán, violento y desatado pero de ninguna manera es la esencia musulmana. Más bien necesitamos los ciudadanos que todos nos exciten a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad. Sobre todo ahora que nos resulta más difícil cuando nos duelen nuestros muertos y el enloquecido EI nos amenaza.


La espiral del terror, por Martín Sagrera
En Francia tuve mis primeros amores, me liberé de una secta destructiva y recibí mis principales títulos universitarios. Soy, pues, un «afrancesado», es decir, un europeizado. Y, como los asistentes al Estadio de Francia, canté emocionado La Marsellesa el 13N. Pero después recordé también a la «diosa Razón» y, la «Libertad, Igualdad, Fraternidad», que temperaron las pasiones avivadas por esa marcha guerrera.
No existe un acto gratuito, ni una maldad absoluta. La verdad no habita en una sola casa. La Marsellesa se escribió para luchar contra quienes invadían Francia, lo que difícilmente se puede atribuir a un puñado de terroristas. Es verdad que mataron a más de cien personas, pero en Siria han muerto más de 300.000 mil, más de dos mil veces más, en parte con armas y apoyos franceses y de sus aliados. «La primera víctima de una guerra es la verdad». Y esta guerra empezó, como sabemos, hace más de cinco años, y no sólo en Siria. Y las medidas extremas propuestas por el presidente francés, y tan criticadas con razón en la misma Francia, intentan recortar más derechos y libertades incluso en su país de lo que podrían conseguir sus enemigos que, como en EEUU y otros países tras el 11S, pueden reclamar haber conseguido así una gran victoria. La espiral del terror no hace sino hacer un mundo cada vez más inhabitable.

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