Cartas al director

01.12.2015 | 05:00

Corresponsabilizar a multitudes sanas, por Pablo Osés Azcona
No consigo animarme para estar en las marchas contra el calentamiento. Porque después de 20 años de no hacer casi nada París se revela ya inútil. Es tardísimo. Nadie se cree que no vayamos a pasar de los 2 grados. Nos dicen que cuantas más personas llenas de esperanza y alegría salgan a la calle mayor será el impacto que tendremos en París, la cumbre climática más importante de nuestra generación. Siento que los medios que nos han ocultado tanto tiempo el calentamiento, como que ahora necesitaran corresponsabilizar a multitudes sanas bien intencionadas, cuando ya hasta ellos se dan cuenta del desastre que han incubado. Veo las marchas como esos inmensos atascos de huyentes de catástrofes sin salida.

El debate de los primeros espadas, por Juan Afán Muñoz
Antena 3 y la Sexta nos saturan hasta la saciedad y con inaguantable autobombo sobre la preparación del debate de los cuatro líderes políticos el próximo día 7 de diciembre, a mayor gloria suya y como si no existiese un mañana. Una vez conocida la injustificada espantá del primer espada del PP al citado debate, me alegra la presencia de Soraya Sáenz de Santamaría, a la que admiro desde su arrebato de sinceridad cuando dijo: «en mi puta vida he cogido un sobre de caja B». Transmite sinceridad y honestidad que ya es mucho en estos tiempos; de paso y sin plasma nos evita la tartamudez e hipocresía del maestro ante el morlaco de la corrupción. Además, propondría que el ingente y opaco gasto en publicidad, buzoneo, tour para llenar aforos de palmeros, etc. que se derrochan en esta y todas las elecciones, los donasen los partidos políticos a los comedores sociales, ayuda a personas vulnerables y que la demagogia y promesas varias que gratuitamente proclaman todos los candidatos sean realizadas ante notario, para dejar constancia de sus compromisos y posterior resultado para con el pueblo, que al final es el espectador de este circo y donde pagando casi siempre, tenemos la sensación de que nos toman por payasos. Dijo Pi y Margall: Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.

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