La Mirilla

La promesa que el alcalde no quiere

01.12.2015 | 01:30

Noviembre del año 2013. El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, firma un acuerdo con la Junta de Andalucía por el que se compromete a apoyar la construcción del metro en superficie hacia el Hospital Civil. Su firma respalda un calendario, financiación y compromiso que asegura el dinero suficiente para poner en servicio los primeros tramos del metro. El acuerdo daba estabilidad a un proyecto con demasiados vaivenes, fruto de una pésima gestión de la Junta de Andalucía y de las constantes trabas y exigencias municipales.

Noviembre de 2015. El alcalde de Málaga, el mismo Francisco de la Torre, plantea que no se construya el metro en superficie al Hospital Civil y que el dinero se destine a ampliar la línea bajo la Alameda hasta la plaza de la Marina.

Es el mismo alcalde el que firma una cosa y afirma la contraria. Una muestra más de la «creatividad» política de Francisco de la Torre. ¿Qué ha pasado en esos dos años? En realidad nada. Cada vez parece más claro que ese convenio era una forma del regidor de ganar tiempo. Nunca tuvo la intención de apoyar el tramo del metro en superficie al Civil ni la tiene. La movilización vecinal, sutilmente alentada por el Ayuntamiento, le sirve de excusa para trabajar en lo único que le interesa: llevar el metro a la plaza de la Marina.

El sueño de Francisco de la Torre es pasar a la historia por ser quien hizo posible que el Cercanías llegue a la plaza de la Marina. Sí, están leyendo bien. El Cercanías. El metro no es más que la excusa para construir un túnel acondicionado en dos niveles para que, en un futuro, el Cercanías pase bajo el Guadalmedina y tenga una parada en el Centro. Ese es su sueño.

Ya consiguió que el tramo de túnel que se va a construir bajo la Alameda tenga una anchura de 8,5 metros, un poco más que en el resto de la línea del metro para dar cabida a los Cercanías en el futuro. Pero el tramo previsto se le queda corto. Quiere más. Quiere la plaza de la Marina. Su esperanza es torpedear el tramo hasta el Hospital Civil y desviar ese dinero para ampliar la línea bajo la Alameda.

Pero hay más. La construcción del metro hasta la plaza de la Marina supondría cerrar el aparcamiento allí situado, cortarlo y construir bajo él. Además de las dificultades técnicas y los problemas arqueológicos, la Junta tendría que hacer frente a un coste disparatado del «lucro cesante», una millonaria indemnización a Smassa –con el 51% en manos privadas– como compensación por el cierre del aparcamiento. Llegados a este punto, uno desconfía y piensa hasta que el alcalde lo busca para recibir unos ingresos jugosos que enviaría a otros destinos (al menos el 49% correspondiente a las acciones municipales).

El juego del alcalde es peligroso. No se trata de optar por un ramal u otro. Está en cuestión una serie de compensaciones millonarias a la concesionaria, a la que se le prometió en noviembre de 2013 terminar el metro en unas fechas, con unos usuarios y costes determinados. También juega con posibles sanciones en la devolución de los millonarios créditos del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que dio dinero a cambio de un trazado y plazos. El dinero que depende de la actitud del alcalde es mucho. Pero no es municipal. Es suyo y mío, querido lector.

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