El Palique

Tertulias de nuestra vida

01.12.2015 | 05:00

Cuando se despertó, el tertuliano todavía estaba allí. No sabemos si Monterroso iría a tertulias. Tal vez no porque sería muy breve y no daría espectáculo ni interrumpiría a nadie.

¿El tertuliano nace o se hace? ¿Cuándo uno es tertuliano, lo es siempre o puede disociar su personalidad y hacerse oyente? O sea, ¿pueden estar callados la media hora que dura la misa?, ¿resistirían como un humano normal un ataque de afonía?, ¿detestan el silencio?, es más, ¿el silencio les ha hecho algo para que le tengan tanta tirria?

«Ha tenido usted un tertuliano», dicen que se oyó una vez en una maternidad. Yo no he visitado muchas. Pero con haber nacido y haber sido padre una vez ya son dos las veces en las que he estado en un paritorio. Los tertulianos son un gremio sin sindicar, un divismo de ocho de la mañana a doce de la noche, un «sí quiero» a Tele Norte, Onda Kiev, Antena de Mi Pueblo o Radio Patio. El tertuliano se echa la razón sobre la cabeza al mismo tiempo en el que los demás mortales nos echamos unas gotas de colonia. Y ya, con su razón y su traje o vestido reluciente se pasea por los platós sin que esa su razón se desvanezca nunca como sí lo hacen incluso los buenos perfumes. A uno le gustan las tertulias, no obstante. Y admira a no pocos participantes en ellas. Una vez me peiné como mi tertuliano favorito. Así, como homenaje. Por admiración. Pero salí a la calle y alguien me preguntó mi opinión sobre un grave y candente asunto. Volví a dejarme los rizos. También detesto a otros. Los someto a una bajada total del volumen para verlos gesticular y que el crío se crea que son muñegotes de Baby TV.

Hay tertulias de café en las que no se toma café. Es curioso que una tertulia taurina necesite entendidos y no tendidos. Los del tendido 7 de Las Ventas siempre daban muchas voces, pero el toro no aceptaba ser contertulio. Proliferan las tertulias de fútbol en la televisión. Es imposible en algunas ocasiones saber quién lleva el balón de lo mucho que chillan. Las radios de plástico que pueden mojarse en la ducha son un gran invento para las tertulias. Hablar de las tertulias es un género de tertulia. Hay quien las rehuye y quien no puede vivir sin ellas. Veo más a algunos tertulianos que a mis amigos. Sin embargo, tengo amigos tertulianos. Yo mismo lo he sido a veces. Tampoco niego que a veces hablo solo.

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