360 grados

Por sus libros los conoceréis

08.12.2015 | 05:00

El diario británico Financial Times le hizo al recién elegido presidente argentino Mauricio Macri una de esas preguntas que tanto le gusta hacer a la prensa: qué libro se llevaría a una isla desierta. Y aquél no dudó al parecer en su respuesta: El manantial, de la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand.

No sé si los lectores del diario británico se percatarían inmediatamente de la ironía de que Macri optase para esa hipotética situación de Robinson Crusoe precisamente esa biblia del más radical individualismo. ¿En quién iba a poder ejercer su ego en esa isla si no tuviera siquiera a Viernes para acompañarle?

En cualquier caso, la elección define perfectamente al que han elegido los argentinos para que los gobierne durante los próximos años y a quien tan efusivamente se apresuró a felicitar nuestro gobierno, que pareció aliviado por la salida de Cristina Fernández de la Casa Rosada.

Porque Ayn Rand no es una escritora cualquiera sino la fundadora de un credo filosófico llamado «objetivismo» y entre sus numerosos adeptos figuran desde el fallecido presidente Ronald Reagan hasta el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.

El también escritor Gore Vidal calificó la filosofía que destilan sus libros, tanto los de ficción como sus ensayos, como «casi perfecta en su inmoralidad». Y añadía: «Justificar y alabar la codicia y el egotismo humanos es en mi opinión no solamente inmoral sino también malvado».

Ferozmente anticomunista así como radical y directa en sus planteamientos, Rand estableció muy pronto la «incompatibilidad entre el capitalismo y el altruismo». Este último tenía, según ella, consecuencias nefastas como la «esclavitud» o la «fuerza bruta», que ella asociaba al socialismo, mientras que la «nueva moral» del «egoísmo», base del capitalismo, entrañaba «libertad», «justicia», «felicidad» y «progreso».

Además de sus dos libros más conocidos, el favorito de Macri y La Rebelión de Atlas, Rand publicó junto a quien consideraba su heredero, el psicoterapeuta canadiense Nathaniel Branden, una colección de ensayos significativamente titulada La virtud del egoísmo.

Branden, que la ayudó a promocionar el «objetivismo», rechazaba, por ejemplo, que la educación tuviese que ser prerrogativa del Estado y consideraba que éste no tenía por qué meterse en la educación de los hijos. Rand tuvo además la habilidad de darle la vuelta a todo y convertir a los capitalistas en víctimas como hizo en una conferencia que tituló «El big business: minoría perseguida de América».

Era radical hasta en su ateísmo y así declaró en cierta ocasión en televisión: «Estoy contra Dios. Desapruebo la religión. Es una señal de debilidad psicológica». Palabras que podría haber suscrito Friedrich Nietzsche.
Su único dios era ella. El resto de la humanidad parecía importarle un bledo.

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