Cartas al director

09.12.2015 | 05:00

¿Cumplo o miento?

Escuchando a algunos líderes políticos, parece como si ellos fueran los listos y el adversario torpe, tan torpe que no sea capaz de gobernar el país. Solo ellos se consideran en posesión de la verdad, de su verdad. La cuestión es que llegando las elecciones, prometen y prometen sin echar las cuentas para ver si luego pueden cumplir para que no les pase lo que a Grecia, que se las tuvieron que ajustar otros. Como por desgracia no hay un organismo que les obligue a cumplir lo prometido, es al ciudadano a quien corresponde premiar o castigar su cumplimiento (cumplo o miento) avalando o cambiando al gobierno. Para no errar, hay que separar a tiempo la verdad de la mentira y tener en cuenta si sube o baja el paro, la prima de riesgo, si va mejor un país o hay que rescatarlo, cuando abres un local o tienes que cerrarlo por falta de negocio o simplemente compras un coche nuevo o tienes que vender el viejo por falta de gasolina. En cuanto a los corruptos, todos los partidos los han tenido y los que no, perdonen que sea pesimista, es que aún no han gobernado, pues para algunos la falta de honestidad solo depende de que los pongan donde haya algo que coger.
Federico Barbero. Málaga

Deseos electorales

Hemos asistido a una precampaña no exenta de rifirrafes, descalificaciones y discursos demagógicos. Los españoles estamos cansados de que nuestros políticos protagonicen casos de corrupción, sean incongruentes o intenten perpetuarse en el poder a cualquier precio. Ha comenzado la cuenta atrás para las generales y he decidido hacer una lista con los tres deseos que me gustaría que nuestros políticos cumpliesen en estos comicios pre-navideños. El primer deseo es que demuestren altura política siendo conscientes de que son servidores de los ciudadanos y por tanto, trabajan en beneficio de nuestro país, no en favor de sus intereses personales, de partido o de poderosos grupos de presión.

Mi segundo deseo sería que dejasen de mentir y acepten sus errores. Rectificar es de sabios y si se hace con humildad, la ciudadanía sabe entenderlo y aceptarlo. Lo que no es de recibo es que nieguen la mayor o recurran al «y tú más» al que nos tienen tan acostumbrados. El tercer y último deseo es que generen un clima de buena educación para que dialoguen sin gritar y no entren en innecesarias descalificaciones personales. ¿Serán capaces de conseguirlo?
Susana Outeiriño. Málaga.

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