Mal de Ojos

Que viene el coco

13.12.2015 | 13:23

Supongo que lo habrán leído, o escuchado. Surgió en Twitter, y ya no ha parado. Creo que resume una sensación. A ver si están de acuerdo con lo que dijo Dani Bordas en su cuenta. Tengo la tele apagada y está saliendo Albert Rivera. No me digan que no es de lo mejor que se ha escrito sobre la presencia de los candidatos en la tele. Incluso con la tele apagada puede asomar Pedro Sánchez –qué gritos en A Coruña, qué patético– sonriendo como un actor de dentífricos. Con la tele apagada podemos ver a Pablo Iglesias con su cuello adelantado, sus brazos extendidos haciendo palmas, sus dientes desparejos y su coleta cayendo como una pesada cruz sobre el hombro. Hasta con la tele apagada sale Mariano Rajoy, ahora que se ha soltado la lengua, salió del plasma, y ha descubierto que los ciudadanos preguntan –en La Sexta Noche–, pero no se comen a nadie, además, que a él le da igual lo que pregunten porque responde cantando por verdiales. La imagen de Pablo Iglesias tocándole la guitarra a Maritere Campos, perfumada de naftalina, resume este tiempo de chichinabo político. Mi adorada Mariloli Cospedal, siempre fina, esquiva, lianta, estricta, biliosa, vestida de luto aunque lleve leotardos de lentejuelas, lo ha dicho, «los políticos no somos ni artistas ni tertulianos». Toma, Soraya. Los programas de la tele han sustituido al programa político. Una carrera con Jesús Calleja suple el plomo repipi de Rivera. Una visita a la cocina de Bertín Osborne, el vendedor de charcutería, desenmascara al Rajoy que sigue gritando, haga lo que haga y diga lo que diga, ¡Viva el vino! Los políticos se han convertido en el coco con el que asustar a los nenes. Cállate, o te siento delante de la tele. Cómete las acelgas, o pongo la cinta sinfín con el debate de Atresmedia.

Pitingo no, por favor

No sé si algo así pensaron en el estreno de la tercera temporada de Masterchef Junior. Ay, que me da. Y eso que uno ya tiene los colmillos retorcidos. Pues no que van y sacan a Pitingo cuando los nenes cocinaban en la explanada de un parque temático. Qué miedo. Sus dientes de cal restañaban en su rostro maqueado casi a lo Antonio Machín. Anda, canta, le pidió Jordi Cruz en un momento de locura. Y cantó. Los críos, atónitos y paralizados por la visión, se miraban unos a otros como diciendo, «los mayores están zumbados, qué pinta aquí este tío». Y el tío se echó a cantar y a hacer palmas, ole y ole, entornando sus ojillos de reptil en trance, demostrando que el flamenquito es una de las invenciones más dañinas y pedorras de las últimas décadas. Pitingo tiene un arte que no se puede aguantar. Literal. Es insoportable. No sé si antes, o después, vimos que a Pablo, 12 años, de Madrid, se le resbaló un enorme cuenco donde su grupo preparaba la crema catalana del postre formando un berenjenal que apagó de su cara, y de golpe, las cinco estrellas Michelín de Jordi. Pablito, el niño manazas, lo dijo menos poético. «La he cagao». Así que, padres, ya saben, de ahora en adelante, además de amenazar con dejar a los nenes encerrados en una habitación con la cara de los políticos en campaña, díganles que Pitingo puede aparecer cantando flamenquito en cualquier momento. Yo creo que funcionará. La cosa se está poniendo fea. No enciendas la tele, que aparecen. Lo de Bertín es un ejemplo. Antes se conformaba con llevar a casa a sus invitados de uno en uno, incluso se metía en la cama con algunos, como con Arturo Fernández, pero sin mariconadas, joder. Ahora hace tríos. La visita esta semana del jurado al completo de Masterchef a la cocina de Fabiola, más machista que el marido, es la demostración de que En la tuya o en la mía va sin control, es una factoría, una fábrica de churros, una fórmula, un esquema repetido que empieza haciendo el paripé de la llegada inesperada, oh, ¿cómo tú por aquí?, pasan a la escena del sofá, luego a la cocina, más tarde al epílogo del futbolín, y luego tú a tu casa y yo me quedo en la mía con la pasta, joder, joder, joder, qué chollo.

Papilla homogénea

Algo así pensará Emma García, la señora espatarrada, la de las gradas de Mujeres y hombres y otros berzas, esa que no lleva micrófono de solapa sino micrófono de mano, como los de antes, esa que se ha hecho fuerte asustando no a los nenes sino a los padres. Mujeres y hombres y otros berzas es el coco, el terror de los papás con tres dedos de responsabilidad. Mira que si mi hijo me sale tronista de discoteca, mira que si mi hija es una choni encubierta que aspira a enseñar el chumino en una revista para camioneros. A Emma García le da igual. Lo que le echen. No es moco de pavo escuchar a la reina divina del amor de garrafa haciendo campaña por los niños pobres. La tía levanta una caja de cartón a modo de hucha y mirando a los berzas que la rodean les dice que todos están comprometidos con la pobreza infantil. El esturreo de risas va por dentro. Esta tropa está comprometida, sí, pero con el gimnasio y sus ombligos. Pones Antena 3 y te sale Albert Rivera, pones La Sexta y te sale Pablo Iglesias, pones La 1 y te sacan a Rajoy, pones Telecinco y te sale un choto pastoreado por Mercedes Milá o similar, pones Cuatro y te sale una ordinaria con el guacamole al aire. El otro día vi un vídeo de Adán y Eva en el que la Eva garrula hacía un examen de cultura a los adanes que la pretendían. «Pa mear y no echar gota», diría Belén Esteban, otra que sale con la tele apagada. Dime el nombre de un escritor, inquiere la señorita. Antonio Machado, dice muy seguro un Adán con el grifo arrugado, que es «poeta y literatura». Como suena. Poeta y literatura. Suficiente. Sólo falta que apagues la tele y siga ahí Rosa Benito, que ha vuelto al redil de Mediaset por la puerta de Sálvame. El coco tiene múltiples caras hoy en día, que homogeneizadas por la misma pantalla hace una papilla con políticos, tertulianos, cuentistas, concursantes, aspirantes, chulos, putos, y vedetes de burdel.

La guinda

Saben que?
¿Fue usted uno de los pocos espectadores que vio el miércoles por la noche, en La 1, el debate a 9? Dos cosas. La tele pública pensaba emitirlo como el que se quita un muerto de encima, hacia la 1 de la madrugada. Pero la Junta Electoral obligó a emitirlo en horario de máxima audiencia –qué vergüenza, qué sindiós–. ¿Saben que cuando Antonio Hernando, PSOE, habló de Bárcenas se fue el sonido? Es tanta la humillación?

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