Tierra de nadie

Un respeto

14.12.2015 | 02:51

Le preguntaban deprisa y corriendo a Pablo Iglesias cuándo prefería leer novelas y cuándo ensayos, a lo que respondió que para el ensayo necesitaba lápiz, rotuladores y, a ser posible, una mesa. «Con las novelas», añadió, «me adapto en cualquier espacio: la cama, un autobús, una sala de espera y, por supuesto, el WC». ¿Qué quiso significar con «por supuesto el WC»? Tal vez que el ensayo le produce una suerte de estreñimiento que alivia con la lectura de la novela. De ahí también, suponemos, que el rostro de los intelectuales puros denote dificultades para evacuar frente al de los novelistas, que parece expresar la alegría liberadora de ir al baño todos los días. De hecho, los críticos distinguen la prosa estreñida de la suelta cuando se refieren a textos sesudos o ligeros, respectivamente. Ello se debe a que el cuerpo humano, y en especial su aparato digestivo, es la medida de todas las cosas.

Pero seamos sinceros: hablamos por hablar, porque tenemos boca, como cuando el propio Iglesias recomendó a los estudiantes que habían acudido a verle la lectura de la Ética de la Razón Pura, de Kant, libro que, al no existir, no sabemos si se debe leer sobre un tablero o encima del retrete. Da lo mismo. Lo que ahora importa es señalar que la novela no es en modo alguno, y como parecer sugerir el líder de Podemos, un género inferior al ensayo. Observen, si no, cómo comienza La Regenta: «La heroica ciudad dormía la siesta». A ver, ¿esta frase no está pidiendo a gritos un lápiz o un bolígrafo para subrayarla y regresar a ella a la mínima oportunidad? ¿Acaso se puede concentrar en seis palabras tal cantidad de pensamiento?

Hay ensayos que necesitarían quince páginas para expresar lo mismo que dijo Clarín en dos patadas, como el que no quiere la cosa. Y no se pierdan tampoco este comienzo de un relato de Raymond Chandler: «Era uno de esos hermosos días de finales de abril, si a uno le importan esas cosas». ¿Es o no es genial? ¿Resulta o no resulta astringente? Sin duda, tanto como el libro imaginario de Kant citado por Iglesias. Cuidado, en fin, con lo que se lee en el váter y un respeto para los novelistas, que, como los filósofos, tenemos padre y madre.

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