Crónicas galantes

Sucesos 'In The Navy'

14.12.2015 | 05:00

Confiesa un marinero arrepentido que el consumo de droga estaba «a la orden del día» en el Juan Sebastián Elcano, buque-escuela de la Armada española donde la Guardia Civil encontró hace cosa de un año más de cien kilos de cocaína. De ser cierto el dato, no extrañará que la embarcación navegase viento en popa a toda vela. Incluso sin necesidad de viento.

Tampoco hay que tomar al pie de la letra la declaración del detenido; ni aun la de los otros dos tripulantes del barco que admitieron ante el juez haber comprado farlopa en Colombia para venderla en el Bronx de Nueva York. Se trata de una cuestión de principios y, sobre todo, de léxico.

En términos militares, la orden del día es la que se cursa a las tropas –o a la marinería, en este caso– para señalarles el servicio que han de prestar. No parece razonable que entre esas instrucciones figure la de inhalar coca por vía nasal. Seguramente, el marinero responsable del chivatazo quiso emplear en sentido metafórico la expresión «orden del día» para referirse al consumo más o menos habitual de esa sustancia a bordo. Si tal circunstancia fuese verídica, ahora se entendería la letra algo enigmática de In The Navy (En la Armada), popularísima canción del grupo Village People que la Marina de los Estados Unidos utilizó allá por los años setenta para el reclutamiento de marineros. «¿Dónde puedes encontrar placer y buscar tesoros en el mundo?», rezaba la primera estrofa de ese tema. «En la Armada», naturalmente, se contestaban a sí mismos los Village People en el estribillo.

Una vez conocidas las confesiones de algunos marineros del Juan Sebastián Elcano, más de uno podría relacionar esa oferta de «placer» con los hábitos que, según los declarantes, estaban «a la orden del día» en el buque. Por la misma razón, la búsqueda de «tesoros» estaría vinculada a las ganancias que ciertos miembros de la tripulación admiten haber conseguido mediante la compraventa de cocaína.

Que estos sucesos ocurran –si ocurriesen– en un navío dedicado a la enseñanza de los futuros almirantes de la Armada no tiene por qué sorprender en exceso. A fin de cuentas, se trata de un centro educativo como otro cualquiera: y, al menos en las películas americanas, los colegios son lugares donde circulan con alegría las pastillas y la hierba. Química y ciencias naturales, después de todo.

Militar o no, un barco no deja de ser un medio de transporte, detalle al que conviene añadir que la mayor parte de las mercancías en circulación por el mundo se mueven, precisamente, por vía marítima. Quizá eso tentase a varios miembros del SEAL, unidad de élite de la Marina estadounidense, que el pasado año fueron detenidos por introducir cocaína de matute en USA. O a los marineros del Juan Sebastián Elcano que aprovecharon –según su confesión– las escalas de este pabellón de la Marca España para hacer unos business entre Cartagena de Indias y Nueva York.

Si acaso, se les podría reprochar la competencia desleal que todos ellos hacen a los contrabandistas gallegos que, desde los tiempos de Oubiña y Sito Miñanco, vienen asumiendo el papel de transportistas y consignatarios oficiales de los cárteles de Colombia en España. Por fortuna, los jueces han empezado a poner freno a ese insólito comercio. Diga lo que diga la letra de In The Navy, la Armada es otra cosa.

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