Mi escaño

'Cara a cara' del pasado

15.12.2015 | 00:28

Deseable hubiese sido que el cara a cara de anoche no hubiese sido bipolar sino que respondiese realmente a lo que ya es vox populi: que el 20D va a ser a cuatro bandas. Rajoy y su equipo han negado la mayor y se han dedicado a ir de plató en plató como si los adversarios no existiesen, algo que no deja de ser un desprecio frente a las aspiraciones de contraste de la sociedad. Esconder la cabeza debajo del ala y catalogar de inexistentes a Podemos y a Ciudadanos ofrece en todo su esplendor el verdadero cisma entre vieja y nueva política.

Dicho esto, hay que subrayar que Sánchez se la jugaba anoche: tenía que demostrar sus agallas como candidato y ser capaz de frenar la fuga de votos, pero también erigirse como el líder que necesita el PSOE.

Su candidatura flota en medio de una campaña sobre su capacidad, promovida por los suyos, cogida al lazo por Podemos y filtrada por Rajoy en su itinerario televisivo entre empanadas, Albariño y la nostalgia de Nino Bravo, donde siempre tiene unas palabras amables para Zapatero y lo cercanos que estuvieron como colegiales en León. Más claro que el agua: apagón a Sánchez, al que no ve a su nivel. Y tampoco faltan carantoñas para Felipe.

El candidato socialista tenía anoche su última oportunidad para agujerear la piel de cocodrilo de Mariano Rajoy, al que nadie todavía ha logrado poner en esta campaña entre la espada y la pared con los casos de corrupción.

El Partido Popular, a estas alturas de campaña, ya tiene más que digerida una derrota que le obligará a buscar un pacto para poder gobernar durante la próxima legislatura. Llegó Rajoy al cara a cara con su integridad dañada, pues él mismo ha promovido a Soraya Sáenz de Santamaría como alternativa y como recambio en el caso de que Ciudadanos exija su cabeza para alcanzar cualquier acuerdo con los de Génova.

Pero el verdadero reto de los dos es convencer de que sus engranajes van a contar con el aceite suficiente para establecer alianzas poselectorales para gobernar. Por lo pronto, un cara a cara no es lo más eficaz para demostrarlo.

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