Barra verde

El hábito no hace al monje

16.12.2015 | 01:37

En su origen la palabra hábito significaba un modo de ser o actuar, una forma de vida. En el año 581, sin embargo, tras el Concilio de Macón, la Iglesia decidió diferenciar el vestido clerical del vestido seglar. El término hábito entonces transformó su significado y comenzó a aludir a la vestimenta.

De hábito deriva habitar, que es la acción de ponerse el hábito. Así pues habitar tiene dos acepciones: compartir una regla y una forma de vida o simplemente compartir un lugar, morar como huésped. Y en relación con el planeta esta diferencia tiene importancia. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el agotamiento de recursos naturales tienen en su origen este considerarnos huéspedes del planeta y no parte del mismo. Habitamos el planeta sin importarnos su destino, como si éste no fuera también el nuestro, como si no fuera nuestro hábitat.

Manuel Sarabia, en un artículo sobre el significado de habitar, al que agrego algunos significados propios de la ecología política, nos explica que habitar es dejar huella, que existe una profunda relación entre habitar y vivir. Para ello el mundo tiene que ser habitable y el ser humano habitante. Habitar –nos dice– es recorrer un territorio a pie, para así responder al mundo que se nos ofrece gratuitamente. Habitar es viajar, atiende a la necesidad de búsqueda, abre los ojos a lo que enseña el vacío, el silencio. Habitar es demorarse sobre el territorio, perder el tiempo, calentarse al sol, estar sin hacer nada. Habitar es convivir con otros seres humanos y no humanos, es crear relación social, sentir, asumir y valorar la presencia de todos los que pueblan y poblarán ese territorio. Habitar significa depender de otros, intervenir en la transformación humana: participar. Habitar es ser hospitalario, es decir, abrir el territorio a otros y dejarlo habitable para otros, límite que separa el territorio habitable del inhóspito. Habitar es construir usando las manos y los pies para transformar el espacio de simple territorio para el animal en casa y patria, reconocernos como ciudadanos de la tierra. Habitar es entender, comprender, celebrar y también lamentar el mundo, valorar los ciclos, las estaciones, el tiempo que lo recorre, perseguir la proporcionalidad frente a la desmesura y el despilfarro. Habitar es un verbo de vida. Por eso escribo cada semana, por eso estoy en política, porque habito este mundo, porque me siento vivo.

Dentro de unos días seremos partícipes de la liturgia de la democracia y votaremos. Los ecologistas no presentamos lista propia esta vez, sino que concurrimos como independientes en las listas de otra formación política, en concreto en las listas de Podemos. Soy el candidato número cinco de su lista por Málaga y políticamente sigo la estela de mi abuelo, quien también apostó por la ilusión y por el cambio, resultando elegido en 1931 concejal por el Partido Radical Socialista en el Ayuntamiento de Málaga. Pero como dice el refrán: el hábito no hace al monje. Por llevar un vestido morado los ecologistas no hemos perdido nuestra identidad verde. Muestra de esa identidad fue el titular que nos dedicó el miércoles pasado un diario local: «EQUO eclipsa a Podemos por unas horas en Alhaurín de la Torre». Para que los ecologistas podamos estar presentes en el Congreso de los Diputados la próxima legislatura y continuar luchando también desde allí por un mundo habitable, si va a votar ecologista en estas elecciones deberá coger la papeleta de Podemos. Su voto, no obstante, seguirá siendo ecologista, no mutará su naturaleza. Su voto es necesario para nosotros. Si ha llegado hasta aquí, gracias por leerme. Hasta el próximo miércoles.

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