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Curling en la calle Larios

Las dos escuelas seguirán enfriándose si no lo remedia una llama de sentido común. No me pregunten el motivo. Para eso habría que realizar un curso de burocracia política.

17.12.2015 | 01:24

Voy a montar una escuela de curling en la calle Larios. Ya he comprado los cepillos y la pista de hielo. Solo falta instalarla. Es algo tan original y llamativo que estoy seguro de que atraerá el interés del Gobierno regional. Visualizo la inauguración. La presidenta, pertrechada con su cepillo, suavizando el rozamiento de la piedra de granito. No cabe duda de que Susana es una buena jugadora de curling. Es capaz de lijar cualquier obstáculo, por minúsculo que sea, para que el problema se deslice más allá del 20D.

Seremos la envidia de escoceses, suizos, canadienses o escandinavos. Colapsarán el servidor por inscribirse en nuestra escuela con la intención de aprender a jugar su deporte favorito. No perdamos más tiempo. Es una gran ocasión. Convirtamos a Málaga en referente mundial de curling. ¿Qué tienen los escoceses que no tengamos nosotros? El frío lo supliremos con apetitosas recetas gastronómicas. Porque nuestra ciudad puede presumir de buenos cocineros. Que se lo digan a los políticos, que están hartos de probar las exquisiteces de los alumnos de La Cónsula o La Fonda mientras deciden qué hacer con ellas.

Es importante especializarse en curling. Que contemos con el profesorado ideal, con los mejores recursos, el temario estrella y las prácticas más exigentes. Málaga brillará en los foros internacionales como uno de los mejores lugares donde aprender a jugar al curling. Los éxitos no se harán esperar. Muy pronto, nuestros alumnos aventajados, lograrán las ansiadas medallas, y nosotros lo celebraremos en algún restaurante con estrella Michelín, ya sea El Restaurante Dani García; El Café de París, El Lago de Marbella o el Sollo. Al fin y al cabo, nos sobran estrellas gastronómicas. Lo que no tenemos son medallas de Curling.

La Escuela de Drama de la Universidad de Yale es, probablemente, la más prestigiosa del mundo. De ella han salido interpretes de la categoría de Meryl Streep o Paul Newmann. El Massachusetts Institute of Technology en Boston es uno de los mejores lugares donde estudiar Arquitectura. Para ser un buen bailarín tendrás que ir a la Academia de Ballet Bolshoi. En el caso de Málaga, muchos alumnos de España y de fuera de sus fronteras buscan inscribirse en las dos escuelas de renombre en hostelería: La Cónsula y La Fonda. Procedentes de ambas escuelas han brillado, además de las estrellas Michelín de Dani García o de Celia Jiménez, de José Carlos García o de Diego Gallegos, muchos metres, sumilleres, y otros profesionales que aderezan infinidad de prestigiosos restaurantes, bodegas y hoteles repartidos por el mundo. Y es que muchos de estos negocios buscan en Málaga a los mejores especialistas en hostelería.

Sin embargo, las dos escuelas seguirán enfriándose si no lo remedia una llama de sentido común. No me pregunten el motivo. Para eso habría que realizar un curso de burocracia política. Aprender a desenredar madejas de balances, ordenar legajos administrativos, alinear correspondencias circulares o integrar consorcios. Nada que tenga que ver con fogones, cuberterías, rebozados, hojaldres, vajillas o bechameles. Ni conozco el mejor lugar para aprender a ser burócrata, ni tengo mucho interés en enmarañarme. De lo único que sé es de curling.

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