El Palique

Una jornada particular

Pedro Sánchez llegó a la ejecutiva de su partido y no dijo «o yo, o el caos». El caos ya está instalado. Dijo más bien yo soy la solución. Mientras, Aznar llegó a la junta directiva del PP con los deberes (y los abdominales) hechos

22.12.2015 | 09:07
Podrían ser dos profesores majetes que dan –antes de leérselo al aula– el último repaso al listado de aprobados del primer parcial de Historia Medieval de tercero de carrera. Justo antes de ir a tomar con un grupo de aventajados alumnos unas cañas a la plaza Mayor, engalanada de Navidad, con motivo de las vacaciones. A lo mejor disimulan y no hay nada en esos papeles. Cospedal alza el cuello como queriendo saludar a algún rezagado. Tal vez a Aznar, que llega tarde como las estrellas y las novias. Menudo papelón.

Había cierta expectación por ver qué análisis hacía Pedro Sánchez en la ejecutiva federal de los resultados obtenidos por el PSOE. Pero Sánchez se analizó a sí mismo en vez de analizar al país y enjuiciar el nuevo contexto y concluyó que debe presentarse de nuevo a la secretaría general. Y así lo anunció tan campante. No es que no tenga derecho, pero es que uno ve tal anuncio un punto extemporáneo. Una mijita prematuro. El que da primero da dos veces, sí pero también el que más pronto da el paso al borde del precipicio más pronto cae al abismo.

No pudo decir «o yo, o el caos», dado que el caos ya está instalado en el PSOE. Como siempre, en forma de (¿agrio?, ¿rico?) debate interno. De esos debates internos con balcones a la calle tan estilo PSOE. César Luena dice que no van a apoyar una investidura de Rajoy. Pero la gama de Felipe González presiona para crear una gran coalición. Y el ala izquierda (sí, existe) quiere un frente popular. Una alianza macro de izquierdas. El más gráfico en expresar su postura fue Fernández Vara: con los nacionalistas no debemos ir ni a la vuelta de la esquina. Susana Díaz ya ha dicho dos veces que el veinticinco por ciento de los diputados socialistas los ha proporcionado Andalucía. Esto significa varias cosas: que se repite. Que sabe estadística. Que no tiene otro argumento. Ha cogido una vereíta. Díaz es más de ´Santiago y cierra España´ que de derecho a decidir pero está un pelín atrapada, com casi todos los líderes, en este resultado diabólico, que ni la faculta para sacarle el corazón a Sánchez y comérselo en pública ceremonia mientras los demás aplaude ni tampoco debe dejarse avasallar.

Este esbozo sobre el PSOE no debe distraernos de lo esencial: parece que vencerá en ese partido la opción de votar no a la investidura de Rajoy. Los de Pablo Iglesias también votarán no. Pues entonces está casi todo el pescado vendido. Difícilmente va a ser de nuevo Rajoy presidente. Muy probablemente haya nuevas elecciones. O eso, o el PP se aviene a presentar otro candidato.

La jornada electoral y la siguiente van dejando perlas de distinto valor. Joan Tardá dijo en lenguaje de guerra civil que le habían «dado una paliza a los unionistas», obviando que los de Mas se han ido al carajo y que el primer partido (Podemos) aún siendo partidario de un referéndum no es independentista. Dotado de gran bonhomía y muy simpaticote, antaño este hombre conseguía parecer zopenco sólo en pocas ocasiones. Ahora además parece un poco ciego. El PP celebraba reunión de su junta directiva a las cinco de la tarde. Para qué madrugar. Asistió José María Aznar. Claro, que bien pensado, lo mismo no poniendo la reunión por la mañana se ahorran que Aznar haga como Pedro Sánchez y diga que él es la solución. Aznar es muy de pasar las mañanas haciendo abdominales. Más que haciendo política. Se hace lo menos mil el tío. Y así está, que queda desfogado y se le van pasando los días, las semanas, los años y las ganas de volver. Menos mal. Eso sí, cada vez más en forma. El partido facilitó a los medios unas fotos en las que al expresidente se le ve hablando dicharacheramente. Todo lo dicharacheramente que es capaz Aznar de hablar. Con Rajoy, en este caso. No puede decirse que el hombre no esté a las duras. Eso sí: fue a dar un toquecito. De los suyos. Quiere un congreso. No sabemos si un congreso abierto en marzo o que el congreso de marzo sea abierto. Sí, como los que él hacía, vamos... Abierto a quién.. ¿a la prensa?, ¿los disidentes?, ¿a competidores de Rajoy por la presidencia del partido?

Podemos por su parte ya ha impuesto varias condiciones para apoyar a quién sea. La noche electoral, Pablo Iglesias leyó un discurso. En él reivindicaba a Indalecio Prieto y a tal retahíla de referentes de su vida,y de los que quiso acordarse, que aquello comenzó a hacerse interminable. Emocionante fue, sí. Pero el que suscribe quedó decepcionado por la no inclusión, ya puestos, de López Vázquez, Marujita Díaz, Espinete o el inolvidable Luis Escobar, que interpretara en la célebre trilogía de Berlanga al marqués de Leguineche. Todos, claro, parte fundamental del acervo de alguien que se tiene por leído y protagoniza su tiempo sin renunciar al pasado. A Iglesias le viene bien cualquier tiempo pasado menos la Transición. Qué manía, oye, con lo bien que se estaba con la chaqueta de pana y lo resistentes que eran los coches, lo entrañable de las revistas guarronas y sin dos horas de televisión por la tarde. Ni Tardá.

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