El contrapunto

El libro que vino del otro lado del mar

Lisa está vaciando su biblioteca y enviando sus libros más especiales a sus buenos amigos. Están éstos repartidos por todo el mundo

02.01.2016 | 05:00

Cuando a finales del siglo pasado mi amiga Lisa salió de aquella majestuosa librería de la Quinta Avenida de Nueva York sabía que nunca volvería. No por problemas de salud. Éstos aparecerían en la vida de ella algunos años después. El maravilloso mundo de Doubleday estaba a punto de cerrar sus puertas. En su lugar se instaló una tienda de modas, creo que una sucursal de Prada. Ya no habría buenas librerías en la Quinta Avenida. Aquella prodigiosa Doubleday Book Shop fue la última. Pero mi amiga se sentía razonablemente feliz. No debería ser aquél un momento de tristeza. Su fidelidad a ese lugar lleno de tesoros y a las amables personas que trabajaron allí a lo largo de los años le habían permitido tantos buenos momentos. En aquella su última visita llevaba Lisa en una de las elegantes bolsas de Doubleday un libro muy especial: los Collected Essays de Aldous Huxley, editados por Harper & Row.

Ahora ese libro ha llegado al lugar donde vivo. Al final de un largo y sin duda complicado viaje. Desde Irvington, en el condado de Westchester, en el estado de Nueva York. Cerca del río Hudson. Lisa está vaciando su biblioteca y enviando sus libros más especiales a sus buenos amigos. Están éstos repartidos por todo el mundo. Gracias a su generosidad inmensa, estos ensayos de Huxley, en un volumen con las huellas de muchas lecturas, algo cansado, con anotaciones a lápiz de la que fue recientemente su propietaria, acaban de cruzar el Atlántico. El cartero de mi pueblo lo ha traído, con sus hermosos sellos norteamericanos, hasta el lugar donde vivo.

Lisa ha decidido que el día –desgraciadamente no lejano– en el que ella ya no pueda proteger sus libros, éstos ya habrán sido confiados a otras manos, siempre amigas, en otros lugares. Es una forma de de sacralizar los recuerdos de los tiempos vividos, de las viejas batallas. Pues si ésas fueron ganadas o perdidas, eso ya no importa. Al principio del prólogo de los ensayos de Aldous Huxley él cita al maestro D. H. Lawrence, su amigo: «Soy un ser humano y estoy vivo. Por esta razón escribo.»

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