Al azar

Los crímenes del otro Guardiola

04.01.2016 | 05:00

La Santa Inquisición futbolística está de enhorabuena. Sergi Guardiola parece un nombre diseñado en el cielo para triunfar en el Barcelona, pero el portador de estas denominaciones icónicas apenas ha durado unas horas en la serie B del club azulgrana. Los tuits que publicó con 22 años de edad, en los que empleaba jocosa y despreocupadamente la expresión «puta Cataluña», forzaron su ejecución sumarísima. En el Qatar que lucen las camisetas barcelonistas, le hubieran amputado además las manos.

Hemos aguardado un plazo prudencial a publicar este artículo, convencidos de que el club justiciero adoptaría medidas disciplinarias proporcionales contra su delincuente fiscal confeso Javier Mascherano, que ha aceptado un año de cárcel por defraudar millones de euros a los barcelonistas que pagan religiosamente sus impuestos. Supera como ofensa a un exabrupto en la red pueril, pero el club se solidariza con su carísimo defensor. Y en aras de la ecuanimidad del forofo, pueden agregar al imputado Benzema, otro ejemplo de albura.

El otro Guardiola es la enésima pero no última víctima del shaming o escarnio electrónico. La picota digital ha dejado sin trabajo a incautos engatusados por el semblante risueño del gran hermano de las redes sociales. El ensañamiento golpea a los débiles y se desentiende de los poderosos. Estrellas como Messi o Ronaldo pueden censurar abiertamente a sus clubes de multimillonaria acogida, a sabiendas de que solo recibirán cariño como castigo. La democrática internet ha solidificado el clasismo social.

Hablando de Guardiolas, el así llamado Pep batalló sudorosamente por una selección española que denigra el sector estelado del barcelonismo. Simétricamente pero sin abandonar el sector intelectual, Caballero Bonald y Sánchez Ferlosio son los autores respectivos de invectivas como «no me gusta nada la patria de los patriotas españoles» y «odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío». En lugar de ser purgados, se les premió con el Cervantes pagado por los contribuyentes españoles. Amén de merecido en ambos casos.

Todos los protagonistas de esta página excepto uno han sido valorados por su calidad profesional. Es innecesario precisar que Guardiola –Sergi– recibe condena por ser un proletario del balón, y no por sus libelos. Al fin y al cabo, juzgar a un futbolista por su prosa es como radiografiar las piernas de Charlize Theron antes de pronunciarse sobre su belleza esplendorosa.

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