Entre el sol y la sal

Más Bruce Lee y menos todo a cien

06.01.2016 | 05:00

No sé si ustedes se han fijado en la uña del dedo meñique de un chino. Eso no es una uña, es una navaja suiza. Con ese afilado espolón de queratina un chino aplicado puede hurgarse el tímpano interno, quitarte en un pispás el envoltorio de plástico de los cedés (si parpadeas te lo pierdes), atornillarte la patilla de las gafas, matarte de un solo golpe, marcarse un punteo de bandurria y hacerte una escultura con una sandía. Todo un compendio de funciones que estas fechas alcanzaría su labor culmen cortando al bies los coloridos embalajes navideños.

Háganme caso y el próximo año pongan un chino en su vida, porque un servidor casi no duerme anoche envolviendo regalos. Es lo que pasa por dejar las cosas para el último momento y no contar con el material apropiado, que siempre acabo cortando con los dientes el celo, el papel de regalo y los moños decorativos. Así me vinieron a la cabeza mis queridos chinos, cualquiera que siga esta columna desde hace tiempo sabe que me causa especial fascinación el mundo oriental en general y el chino en particular, como pareció ocurrirle el lunes de la semana pasada a Ánxel Vence y su Crónica Galante sobre el sexo de los chinos, entendiéndose como tal la práctica de la coyunda y no la eterna pregunta angelical.

Como los orientales son tan suyos Enrique Iglesias ha dado estos días un concierto en Sri Lanka y el presidente del país ha pedido que se azote a los promotores del evento por no evitar que un grupo de esrilanquesas arrojara ropa interior al cantante, y digo cantante con perdón de los cantantes. Desconozco si la medida responde a la mala puntería de las lapidadoras o a que las prendas en cuestión estaban usadas, pero lo que no tiene desperdicio es la forma de ejecución de la pena solicitada. No contento con solicitar el azote como medida punitiva el mandatario ha especificado que los leñazos deben llevarse a cabo, atención, con la cola de una raya venenosa. Ole ahí en pleno S. XXI. Para los que aún no hayan caído en la cuenta les informo que, según internet, el aguijón de una raya ponzoñosa puede llegar a medir 30 centímetros, sólo el aguijón, así que imagínense treinta latigazos de esos en la espalda, justo en la zona entre la paletilla y los lomos. Puro placer asiático.

Los japoneses por su parte son más comedidos, como más contenidos en sus manifestaciones. Ahora por estrategia económica se han propuesto promocionar el consumo de besugo nipón y para ello han creado el helado de besugo. Todo el país se pondrá a comer tan suculento y apetecible postre y asunto solucionado. Muy japonés, muy disciplinado, muy a la chita callando, pero objetivo conseguido. Aquí en cambio salió un ministro aconsejando comer conejo en vez de ternera y casi lo despellejamos, al político, no al conejo. Otro que nunca defrauda es el norcoreano Kim Jong-un, un dechado de virtudes cuyos más estrechos colaboradores tienen la insana costumbre de desaparecer de la noche a la mañana, incluyendo su propio tío. El triangulo de la Bermudas versión oriental.

Y mientras todo esto ocurre a miles de kilómetros Alibaba, el gigante chino de la compra y la distribución mundial, aprovecha cada fecha señalada para colarse en nuestros hogares y seguir devorando cual termita silenciosa el mercado minorista y el comercio tradicional. Sólo de pensar que si Bruce Lee levantara la cabeza montaría un locutorio y se dejaría larga la uña del meñique me da un repelús espantoso. Esto no hay quien lo remedie, be water my friend.

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