Inventario de perplejidades

De cómo romper España

08.01.2016 | 05:00

Una vez constatado que la derecha (PP y Ciudadanos) no alcanzan mayoría parlamentaria para gobernar, el poder financiero y los medios a su servicio (que no son todos) han comenzado a presionar al secretario general del PSOE para que se abstenga de la loca idea de articular un frente de izquierdas con Podemos e Izquierda Unida. Un hipotético frente al que habría que sumar apoyos puntuales de otras fuerzas periféricas como Esquerra, PNV e incluso Convergència si se acepta la celebración de un referéndum que aclare la cuestión soberanista. La presión sobre Sánchez, desde dentro y desde fuera de su partido, fue muy fuerte y en los últimos días alcanzó cotas extraordinarias.

Desde dentro, los barones regionales, encabezados por la lideresa andaluza Susana Díaz, le exigieron que no pactase nunca con aquellos que quieren «romper España». Y desde fuera, algunas de las empresas que cotizan en el Ibex habrían activado a los medios que controlan (o que les deben dinero) para que le hicieran ver que fuera de un pacto de gobierno del que formasen parte el PP, Ciudadanos y el propio PSOE, no hay felicidad posible. Al parecer, según dicen los medios que lo acosan, Sánchez alardeó en la última reunión de la Ejecutiva socialista de haber resistido las presiones de los grandes empresarios. «Yo personalmente (le atribuyen haber dicho a Sánchez) pasé el Rubicón frente a sus pretensiones, cuando declaré la incompatibilidad del PSOE con el PP y con su máximo dirigente, Mariano Rajoy. De ahí los duros ataques de la derecha». Sea o no cierto que el secretario general del PSOE mantuvo esa gallarda actitud frente a los poderosos, lo que sí parece predecible es que no podrá aguantar durante mucho tiempo las presiones desde dentro y desde fuera para que acceda a formar un gobierno (con el PP y Ciudadanos) que «ilusione a los españoles y ofrezca confianza a los mercados», como postula un importante medio de comunicación en su editorial. De cómo sería ese gobierno y de las cesiones recíprocas que deberían hacer los tres hipotéticos socios parlamentarios en sus programas no se dice nada por el momento, pero no hay que ser un águila para pronosticar que la confianza de los mercados tolera mejor una orientación ultraliberal que otra socialdemócrata. Aunque entre la una y la otra ya sea cada vez más difícil distinguir. En cuanto a quiénes son esos que quieren «romper España», la confusión es parecida. La expresión «romper España»era de uso frecuente en la dialéctica franquista y servía para identificar a los enemigos de la patria. Todos los enemigos de la patria (y por tanto del régimen) tenían la aviesa intención de «romper España».

La nómina de los que querían romper España era muy amplia y dentro de ella convivían los republicanos, los liberales, los anarquistas, los comunistas, los masones, los separatistas y los ateos. Hubo un tiempo, al pasar de la dictadura a la democracia, que creímos que esa monserga se habría acabado para siempre, pero vemos, con horror, que pervive. Aún no hace mucho, el presidente Zapatero fue acusado por el PP de querer «romper España» entregando Navarra a ETA y al País Vasco. Salta a la vista que no lo logró.

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