A media voz

La medicina india

10.01.2016 | 05:00

Cada vez más saludables y longevos, los seres humanos padecemos como nunca nuestra posición precaria en el universo y nuestra indigencia antropológica y filosófica. Somos técnicamente más fuertes y, casi a la par, emocionalmente más débiles. Nos sentimos solos y lo miramos todo con desconfianza, como si la raza mejorara para hacerse más torva mientras nos hace peores a nosotros. Por eso buscamos alternativas más fiables y sabias. Entre ellas predominan las que provienen de Oriente, ese lugar mítico donde, según vamos sabiendo, se inventó buena parte de lo mejor de la historia de la humanidad. Por ejemplo una clase de medicina, la practicada desde hace milenios en la India, que sigue siendo muy útil para cierta clase de enfermedades. Como sobre la medicina de la antigua India apenas hay tratados serios en nuestra lengua y sí, en cambio, muchas mistificaciones, conviene destacar un libro reciente: La medicina india según las fuentes del Ayurveda, de Juan Arnau, editorial Kairós.

Aunque interesa mucho (no hay más que ver la cantidad de títulos, consultas médicas, remedios de herboristería o artículos en revistas para el gran público que se generan al año) ese interés no se ha traducido en una preocupación por sus fuentes, sus principios o su indispensable relación con el resto de la cultura de la que procede. Esto es justo lo que se propone este libro de Juan Arnau, filósofo y sanscritista especializado en budismo que ha rastreado la más expandida de esas medicinas, el ayurveda, que significa literalmente «conocimiento de las sustancias, pensamientos y actividades que prolongan la vida». Un conocimiento basado en una concepción humoral del cuerpo (y en la caracterología derivada del hecho de que predomine alguno de los tres humores básicos, el aire o vata, la bilis o pitta y la flema o kapha), en las íntimas conexiones que hay entre medicina y moral (la enfermedad es vista como una penitencia y la salud como una recompensa o un reequilibrio de las cuentas del alma) e incluso en una especie de sociología y política de las relaciones humanas (porque, además de que existen las enfermedades colectivas como las epidemias, el cuidado de sí es también el cuidado del otro).

Juan Arnau resume, en primer lugar, los tres tratados antiguos dedicados a esta ciencia: los compendios de Caraka (donde, por ejemplo, se dice que la fiebre es la ira del dios Rudra) y de Susruta (un tratado de cirugía escrito por un médico militar familiarizado, sobre todo, con las heridas de flecha) y el Manuscrito Bower (llamado así por un teniente inglés que lo encontró a finales del XIX y donde se reflexiona por extenso, entre otros asuntos, en las bondades casi universales del ajo). Luego analiza los distintos concepto del ayurveda: los humores, las terapias físicas (y las terapias mentales correlativas), lo que es para esta medicina la «vida provechosa» («la que carece de molestias físicas o mentales, disfruta del entusiasmo y el vigor, de la audacia y del prestigio, y del conocimiento de las artes y las ciencias»), las esencias y sabores o rasas (lo agrio, lo salado, lo amargo, lo picante y lo astrigente), el corazón como centro del organismo y sede de la mente (y de la energía vital), los sueños como «centinelas» de la salud o, por citar sólo otra más, la importancia del budismo y de las monjes itinerantes de distintas sectas a la hora de preservar este legado milenario.

Un buen libro para comenzar el año. Y para seguir disfrutando de buena salud física, íntima y social. Que falta nos hace.

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