360 grados

¿Qué piensan nuestros políticos del TTIP?

10.01.2016 | 05:00

Sí, ¿qué piensan nuestros políticos del TTIP, como se conoce por sus siglas en inglés al tratado de comercio e inversiones que negocian en secreto y con fuerte participación de los lobbies industriales Washington y Bruselas?

¿Qué piensan si es que piensan algo?. Porque no les hemos oído referirse en los debates electorales ni a ese ni a otros temas de política o comercio internacionales que serán, sin embargo, los que marquen nuestro futuro.

Aquí parece que el único tema de debate es si se rompe o no España y no qué vamos a dejar que hagan otros con nuestra política, con nuestra economía, cada vez más dependientes de decisiones ajenas.

¿Está tomando nuestro gobierno medidas para proteger nuestros intereses nacionales en otros foros, o lo único que le preocupa es seguir gobernando, tras la pérdida de la mayoría absoluta en coalición, y tratando de ser siempre el alumno más dócil de la clase?

¿No se dan cuenta nuestros políticos de que si el Gobierno de coalición que preside Angela Merkel es tan popular allí como impopular fuera de Alemania es porque se ha dedicado sobre todo los intereses de ese país, guste o no a sus socios comunitarios?

Me ha venido todo esto a la cabeza al leer un artículo de una periodista económica del semanario Die Zeit, en el que contaba cómo había aprovechado un período sabático para documentarse sobre la política comercial europea.

La redactora decía haberse fijado en un artículo del tratado de libre comercio entre Canadá y la Unión Europea (CETA) que aparece en su página 1.575 y que trata de la sanidad.

Tras leer el artículo varias veces, la periodista llegó a la conclusión de que el Gobierno alemán se reservaba el derecho de devolver al sector público hospitales previamente privatizados.

Se trataba de una «extraña idea», comenta la redactora, porque parece ser que sucede normalmente lo contrario: que los hospitales más bien se privatizan.

¿Por qué entonces esa necesidad de especificar claramente en un acuerdo de ese tipo entre la UE y Canadá tal derecho y por qué debe ocuparse de los hospitales un tratado comercial?, se preguntó la periodista.

Tras discutir el tema con distintos juristas, llegó a la conclusión de que muchas veces los acuerdos de libre comercio esconden objetivos que no se confiesan abiertamente y que representan una injerencia creciente en las democracias nacionales.

El Gobierno alemán ha tenido la precaución en ese caso de garantizarse un derecho democrático: el de poder retrotraer al sector público un hospital antes privatizado si se decide que aquella medida fue un error.

Pero ¿qué hay de otros gobiernos como puede ser el nuestro? ¿Están haciendo valer también nuestros derechos democráticos con ese tipo de salvedades en los tratados internacionales que se negocian?

Porque una vez que entra en vigor un tratado de comercio e inversiones, las posibilidades de modificarlo son mínimas, por no decir nulas. ¿Y qué ocurre si un país elige a un nuevo gobierno que decide que hay que garantizar una sanidad pública?

Como conclusión de sus reflexiones, la redactora del semanario liberal alemán confiesa haber acudido por primera vez en mucho tiempo a una manifestación: la organizada en Alemania, al igual que en otros países, contra el Tratado de Libre Comercio e Inversiones entre la UE y Estados Unidos.

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