Cartas al director

13.01.2016 | 01:08

¿Un crimen feminista?, por Miguel Ángel Loma Pérez
Gracias a la confesión de una mujer que se presentó en una comisaría diciendo ser la autora de la muerte de un hombre y manifestando el extraño lugar donde había guardado su cadáver pudo encontrarse éste dentro del congelador de una heladería en Sevilla. Tan macabro hallazgo generó no poca expectación, pues nada había trascendido tras quedar la confesa detenida: ni se conocían posibles relaciones entre el finado y la mujer, ni detalle alguno que pudiera iluminar de algún modo el caso. Y como nada se sabía, no hubo declaraciones de nadie ni reacciones institucionales, ni condenas ni repulsas enérgicas contra esta muerte; lo cual es muy lógico, porque lo contrario significaría presumir conductas muy graves sobre unos hechos de los que apenas disponíamos de datos para opinar. Sin embargo, ahora ha trascendido que al parecer el hombre fue a quejarse del acoso sexual que estaba padeciendo su esposa por parte de la supuesta autora de los hechos, y ésta presuntamente lo mató asestándole un golpe en la cabeza con el palo de una sombrilla. De ser cierto, esto provocaría no pocas reflexiones políticamente incorrectas... ¿Cabe imaginar qué habría sucedido si invirtiéramos los géneros de los implicados en este asunto? ¿A cuántas contundentes declaraciones y condenas habríamos asistido si el cadáver congelado hubiera sido de una mujer, y el hombre el confeso autor del crimen? ¿Se habrían cubierto los hechos con el velo de silente prudencia –como ha sucedido en este caso– hasta conocer algo más las circunstancias? Y una vez conocidas éstas, si se califica como crimen machista el de todo hombre que mata a una mujer por cuestiones de celos, ¿podríamos concluir que en este caso estamos ante un crimen feminista?

Politizar un club, por Ángel Alonso Pachón
Las personas con dignidad no deben mirar hacia otro lado cuando su entorno profesional es utilizado con otros fines distintos de sus contratos; y menos cuando dichas personas son profesionales de élite, con medios suficientes para defender su independencia. La utilización política de los clubes no sólo es responsabilidad de los directivos sino también, y sobre todo, de los profesionales que lo permiten. Cuando en un país como España se atraviesan momentos de graves dificultades, deben aparecer deportistas, personas con libertad y dignidad ideológica, que defiendan la independencia profesional. Esconderse puede que sea rentable económicamente pero muy poco ejemplar para aquellos que, aún no teniendo suficiente para comer, no consienten vender su ideología por un plato de lentejas.

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