Porque hoy es sábado

Tres diputados y un biberón

16.01.2016 | 15:27

«Hay cosas que únicamente se saben al principio de la vida: cuando todavía no hemos ganado el uso de razón a trueque de perder el uso del misterio». Recuerdo esta frase de Alcántara mirando el periódico de ayer, lleno con la risa blanca de ese inmigrante negro rescatado a unas 50 millas al sur de Málaga junto a medio centenar de personas del mar, líquida sepultura de nuestro tiempo para quienes se suben en un sueño que flota poco y mal€

Leche en polvo
También sigue agarrado al pecho del periódico el bebé de Carolina Bescansa, ajeno a que la teta de los medios ya no da leche ni da lana. Aunque quizá haya sido algo de leche en polvo la que ha formado esa polvareda mediática con el hermoso lactante, llevado en brazos de escaño en escaño por algunos diputados de Podemos, en la jornada inaugural de la XIª legislatura en el Congreso. Criar con apego al hijo, sin aprovechar la guardería para así poder trabajar sin su hambre, ni su llanto, ni su caca, ni su dormirse ni su despertarse, que eso es criar y yo he criado, pretendía ser el gesto de Bescansa con su hijo en brazos en el hemiciclo. Pero tampoco era para tanto. El problema de esta democracia partidista, que no es exactamente lo mismo que de partidos, es que uno sabe que todo es susceptible de crítica si afecta al partido de enfrente, o que no se debe criticar si es al nuestro al que afecta.

El cava y la sal
No se puede trabajar con el niño encima, ésa es la verdad. La imagen de un guardia civil de servicio con el bebé de Bescansa a la espalda como si fuera su bebé, montada en las redes sociales, lo explica. Pero se debe poder trabajar aunque uno tenga un niño. Y ese niño no debe perder a sus padres si tiene la suerte de que estos trabajen. La asignatura de la conciliación familiar y laboral sigue pendiente, y la crisis no está ayudando a aprobarla. Como otras tantas asignaturas, como la de la educación sentimental de los españolitos (y catalanitos y vasquitos y galleguitos, y allá cada quien con esto de la nacionalidad tan anacrónico del separarse cuando nadie parece abusar de nadie ni negarle el pan, el cava y la sal). Pero si el acertado gesto, o el postureo, de la mamá Bescansa en el Congreso ha puesto a los bebés en el escaño social, al margen de que los de enfrente la critiquen y que ninguno de los suyos lo haga, pues bienvenido el gesto, pero ya a otra cosa..

Rastas y corbatas
Me gustan las imágenes que está ofreciendo nuestra democracia, posiblemente una de las más avanzadas moralmente del mundo, a pesar de sus problemas y de la inercia corrupta que ha parasitado las instituciones. Que un diputado con rastas y pantalón vaquero usado salga en la misma foto del hemiciclo junto a la mirada atónita y con corbata de Rajoy me produce diversión, y ningún síntoma de alarma. Si quienes han llevado corbata en todos estos años no han sabido defender la dignidad de la institución, quienes ahora no la llevan habrán de demostrar que saben dignificarla de nuevo. Con traje y corbata recogía el bien pagado De la Serna su acta, ahí está el verdadero problema. Si con el tiempo, quienes van en camiseta o llevan rastas terminan por considerar que deben ponerse al menos una chaqueta, el fondo y la forma se irían equilibrando.

Haciendo hacienda
Me gusta mi democracia, capaz de pedir años de cárcel para Rato y Blesa, que eran dioses. O de sentar en el banquillo en las testificales a una infanta de España frente al retrato de su hermano, el Rey, en la pared. En pocas películas resistiríamos el trago ante semejante culebrón. Que el fiscal Horrach se empeñe en cargar las tintas en su defensa entra dentro de la anormal normalidad de cómo suelen ser las cosas. Pero que un juez como Castro levante la voz, como lo ha hecho ante el empeño en aplicar la doctrina Botín (que nunca se aplica a los que se apellidan sólo Pérez o García o González o Martínez€) y ante la barbaridad de la Abogacía del Estado de argumentar que lo de «Hacienda somos todos» es sólo una frase para la publicidad, hace que me guste mi democracia, aunque tantas cosas no deban gustarnos y pasan.

Jardín enamorado
Como pasa el deterioro de esa joya botánica e histórica que es el jardín de La Concepción, en Málaga. Esa vuelta al mundo en 80 árboles, que discurre entre cincuenta mil plantas de más de dos mil especies, está siendo víctima de una ineficaz bicefalia y recorte presupuestario por el Ayuntamiento. No lo merecen los malagueños, convertidos en marqueses cuando pasean por ese jardín de aire británico, como marqueses fueron en el siglo XIX los enamorados Jorge Loring, amigo de Cánovas y muy influyente en su tiempo, y Amalia Heredia Livermore, una mujer culta adelantada a su época. Su huella merece mejor trato€ Porque hoy es sábado.

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