Mal de Ojos

Puto país

17.01.2016 | 02:35

Demagogo, me dirán. Pues vale, para usted la perra gorda. Pero lo voy a decir. Dicen que Francisco Nicolás, el Pequeño Nicolás, o Fran, o como puñetas se llame o se haga llamar, gana al día, dentro de la casa de Guadalix de la Sierra, 3.000 euros. Es posible. Es posible que gane eso, que gane más, o que gane menos. Es posible. Pero da igual. Y da igual porque gane lo que gane, gana más que un maestro de escuela, que un profesor de instituto, que un médico de la sanidad pública, que un investigador. Y ahora siga llamándome demagogo, pero esa es la realidad. Telecinco hace bien en ganar dinero a espuertas con programas deleznables como Gran Hermano, sea su versión ordinaria de gente ordinaria, corriente y moliente, o sea su versión VIP con gente conocida, pero de una ordinariez testada. Dice Nicolás que la razón por la que entra a ese basurero es para que «la gente sepa cómo soy de verdad» –España está deseándolo–. En su presentación dijo algo que me produjo una alegría súbita. Dijo que le molesta, al estar en la casa sin saber lo que ocurre fuera, no saber quién será el próximo presidente del Gobierno, y cuando le preguntaron quién quería que fuera no dudó en contestar: yo. Este pájaro sería un digno representante de un país engatusado con sahumerios friqui-horteras-macarra-chonis de la más elaborada calidad. ¿Han visto a Raquel Bollo –quién puñetas es Raquel Bollo– reflexionando como sólo ella sabe hacerlo, o sea, adornando su inanidad con gestos de una solemnidad hilarante? Esta loba vive del rollo que le permite la audiencia que la mantiene con un currículo incontestable, haber estado casada con un cantante que la maltrató que es primo de Isabel Pantoja. Se acabó. ¿Cuál es el currículo de Rosa Benito –quién es Rosa Benito– para estar ahí? Haber sido la peluquera que le ponía los pelos huracanados a Rocío Jurado.

La vagina de Chiqui

Gran Hermano VIP tiene tanto nivel, han rebuscado tan profundo en el muladar, que han dado con una perla única, con una tronista de Mujeres y hombres, pero ojo, son palabras mayores, es Belén Roca, sexy y femenina, dice, pero no basta con eso, y lo sabe, y por eso añade que al principio no suele caer bien, «no sé si por mi físico o por mi inteligencia». Seguro que por esto, guapa, por tu inteligencia. Lleva sangre de Nobel, es un Cela de grado. Heredó la parte vulgar de Camilo, la de los pedos, eructos, orinales y defecaciones. Y como la inteligencia es la prioridad, los del concurso han rebuscado hasta dar con Sema. Que se pare el mundo. Es un pobre mariquita cuya hazaña es hacer reír con su pluma y su desvergüenza a Isa Pantoja. ¿Suficiente para estar en GHVIP? De sobra. Estos desechos –es el concepto de VIP para Telecinco– son capaces de todo, sin escrúpulos, firmar lo que sea, hacer que ganen espuertas de dinero los accionistas y socios de Mediaset mientras ellos se llevan las migajas, y aún así siguen ganando más que un médico o un maestro de escuela, un sindiós que permite este puto país, que apoya con su complicidad que estos valores de escándalo se propaguen y perpetúen. La economía no lo es todo, claro que no, pero gran parte de la sociedad se mueve por algo tan simple como la relación que existe entre lo que ganas y el prestigio. Fíjense, sin salirnos de la órbita de estos cantamañanas, que hasta van a dar en directo en Sálvame el parto de una señora que se llama Almudena Martínez, conocida en la cadena basura como Chiqui. ¿Cuál es el currículo de Chiqui, por qué ese interés en su parto, por qué ponerle una cámara enfocando su vagina en el momento en que dé a luz? Por haber participado en Gran Hermano hace unos años, además de en Supervivientes. ¿Y por qué concursó, si no es ni guapa, ni lesbiana, ni musulmana, ni agresiva, ni calientapollas, cuál es su arquetipo? No mide más de un metro. Concursó por ser enana.

David Bowie y su ex

La señora está preñada, y como María Patiño lleva en su vena el periodismo y es capaz de oler la noticia como un perro huele la mierda de sus adversarios, le dijo en directo, por favor, por favor, hecho tan notorio tendría que ser contado como merece, o sea, entrando en el paritorio y recogiendo el momento. Y Almudena, que vive de su cuento, hizo cábalas, sacó su calculadora mental y los números sonaron en su cuenta. Dijo sí. Es pasta, sólo pasta. Por encima de todo. Incluso de los principios que teníamos como línea roja que no se debe cruzar, término que es moneda corriente para usar según convenga, es decir, sin valor. Me imagino a la reina Letizia haciendo la maleta con primor para tenerlo todo listo y viajar a Arabia Saudí, ese paraíso de paz, democracia puntera, país de libertad, igualdad, país ejemplar donde los derechos humanos son la prioridad. Me la imagino doblando con esmero su hiyab integral, de un elegante negro riguroso, aunque por debajo se ponga braguitas rosa y vestidos picantes para que su marido no se fije en otras lagartas saudíes, que con lo poco que les dejan tener al aire, los ojos, son capaces de levantarte al maromo y llevárselo al primer pozo de petróleo que tengan a mano y recostados en el rescoldo de la arena del desierto abrirse de patas como beduinas de club. A ese país va el séquito de nuestro jefe de Estado y nadie se corta las venas. Es un país monstruoso, nauseabundo, pero ningún gobierno español lo señaló con asco y desprecio. Claro que a quién puñetas le importa eso. ¿A las Raquel Bollo de marras? Murió el mito en vida David Bowie, y su exmujer, Angie, no lo supo en el momento porque? porque está concursando en el Gran Hermano VIP británico. ¿A qué tipo de necesidad o ruina moral hay que llegar para decir sí a ese encierro tan vejatorio? ¿Qué grado de miseria intelectual hay que alcanzar para parecerte normal dedicar un tiempo de tu vida viendo esos ganapanes? La peste no es sólo española. Puto GH. Y puto país, que no es el de la infanta, mi rey, que ella está en otras haciendas. Es lo que tiene ir de Botín a Borbón. Y esto no es publicidad, abogada.

La Guinda

Pablo Motos
Casi nadie lo supo. Pero el lunes, cuando Alejandro Sanz acudía a El hormiguero, el máximo responsable del programa, Pablo Motos, acababa de perder a su padre. De cara a la gente, sólo unos abrazos sentidos entre el presentador y el cantante y un gracias apenas audible quedó como testimonio. Es la diferencia que separa a quien sabe que una cosa es su vida íntima y otra la pública –ay, Maritere Campos, aprende–.  

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