Cartas al director

19.01.2016 | 05:00

Cómo sentirse un extranjero en su propio país, por German Jongewaard De Boer
Nacido en Argentina de madre española, que desde mis 17 años he optado también por recibir esos lazos tan profundos que defiende mi madre, concurriendo al consulado de España para ser proclamado español. Todos los años que hay votaciones en mi segundo país, los políticos y del gobierno de España me envían a mi domicilio en Argentina las boletas para que les vote (obviamente porque soy español «residente en el extranjero»).Desde ese momento he tratado de involucrarme en su historia, en sus problemas y en la misma sangre española. Hoy, a mis 40 años, he sentido un duro descontento con ese sentimiento.  El día 28 llegué a España, con alegría y diciendo que también es mi casa. Por desgracia, me empecé a sentir mal el día 14 de enero y el día 16 a las 2 AM decidí acudir al centro de salud público de Rincón de la Victoria.  Lo único que me ocurría era que tenía un oído tapado y quería que un médico me revisara para que me dijera qué medicamento me tenía que poner en el mismo oído. Cuando fui recibido en la guardia del centro, me atendió una persona que se identificó como un administrativo del centro y me puse a explicarle lo que me pasaba y que necesitaba que me viera un médico. Esa misma persona me comentó que no me podían atender porque no tenía un carnet verde que es de la Seguridad Social y que primero tenía que ir a tramitarlo en el ayuntamiento.  Ahí mismo le mostré mi pasaporte español y le comenté que he venido a visitar a mi madre, que me voy en una semana y que no tengo tiempo de tramitar ningún papel y que necesitaba un médico urgente. Esta misma persona me dijo que si quería que me atendiese un medico tenía que pagarle 50 euros firmando una nota («compromiso de pago»), en la cual no decía ningún monto a abonar, y que según él era el monto que después me iban a cobrar.
Entonces le dije que no tenía dinero para pagarle y que necesitaba que me atendiese un medico, ya que no escuchaba nada por un oído. Haciendo caso omiso, esta persona me reiteró que no podían hacer nada por mí y que fuera a una clínica privada en Rincón o que rellenara los papeles en el ayuntamiento.
Por suerte, antes de mi viaje realicé con mi tarjeta de crédito el otorgamiento de Asist Card, y me pudieron atender en la clínica privada de Rincón de la Victoria a las 4 AM. Mi pensamiento y también mi tristeza es que si un español va con una emergencia médica a Argentina se lo atiende y no se le cobra ni un euro. Y yo en mi propio país, España, votando durante muchos años también a los políticos corruptos que hay en este momento, los cuales para que los voté?, se acuerdan de mi enviándome sus boletas para que ganen elecciones. Pero hoy en día me dicen que no soy español porque no me quieren atender en una simple guardia médica. Gracias, España por hacerme sentir un extranjero en mi propio país.

El arte dramático y el uniforme, por Antonio Caparrós Vida
Amaba el arte dramático y el uniforme. Gustaba de transformarse continuamente para gozo personal y burla de los demás, sabedor de la cobardía del súbdito para con su amo. Le encantaba representar; el arte dramático era una de sus pasiones; se autoproclamó un dios-sol; aparecía vestido como Hércules, Venus, Mercurio y Apolo. Me estoy refiriendo al emperador Calígula. Su aspecto externo, como ocurriera con su padre adoptivo, el depravado Tiberio, era impoluto; los disfraces le daban el aspecto respetable que pretendía mostrar ante su pueblo. Pero le resultaba imposible retener los gusanos que iban cayendo por gravedad de las pestilentes gusaneras que cubrían su cuerpo (a pesar de los caros perfumes) cuando asistía a actos públicos o privados. Demasiados cadáveres a sus espaldas. El otro día la historia se repitió: algunos de nuestros actuales tiranuelos y alguna que otra tiranuela (seguida de una cohorte de mamporreras y mamporreros), enfundados en trajes de alta costura, dejaron caer más de un centenar de enormes gusanos cuando agitaban brazos, piernas y cabezas en protesta por el sacrilegio que, para ellos, suponía el hecho de que gente vestida con ropa de Alcampo se sentara en sus proximidades como diputados y diputadas, senadores y senadoras electos.

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