Cartas al director

20.01.2016 | 05:00

Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja... por Plácido Cabrera Ibáñez
En estos días, el rey Felipe VI ha iniciado las consultas con los representantes de los distintos partidos políticos. Los dos partidos políticos que consiguieron más votos son los que tienen más opciones de alcanzar la mayoría por la derecha o por la izquierda. Probablemente tendrá que hacer como ya le sucedió a la mujer de su pariente, el rey Felipe IV. Santiago Posteguillo, autor de La sangre de los libros, cuenta que Francisco de Quevedo, gran poeta, conocido por su ingenio y capaz de los más mordaces juegos de palabras, un día con sus amigos en una taberna hizo una apuesta en la que si ganaba tendría gratis la cena durante un mes. La apuesta consistía en decirle a la cara a su majestad la reina Mariana que era coja. Una tarde cuando Felipe IV paseaba por el Prado con su esposa, Mariana de Austria, consiguió llegar hasta la pareja real y se detuvo ante la reina, después de hacerle una reverencia, la miró a la cara, le dijo: «Está su majestad tan radiante como siempre y le he traído un presente para festejar semejante lozanía. –Miró entonces de reojo a sus amigos y de nuevo a la reina. Allá iba: a por la apuesta–: Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja. La leyenda sostiene que la reina aceptó de buen grado el regalo y que se tomó con buen humor el ingenio del poeta al responder: –Que soy coja ya lo sé y el clavel escogeré»–. Dentro de unos días conoceremos la flor que corresponde al partido político escogido por Felipe VI.

La Escuela Oficial de Idiomas sigue sin profesor de portugués... por Pablo Carrascosa González, María Emilia Díaz García, Pedro García Matatoros, Teodoro González Domínguez , Penélope Jiménez Muñoz, Juan Jesús Cortés Jiménez y Jaime Santa-Olalla Temboury
Continuamente oímos (y, lo que es más llamativo, «vemos») solemnes declaraciones, sobre todo, de parte de la Administración autonómica, subrayando la supuesta calidad de enseñanza presente en nuestra comunidad y, en concreto, del impulso que se le da al aprendizaje de otros idiomas. Pues bien: aún sabiendo que otros problemas amargan la vida de los ciudadanos, es justo recordar una de las situaciones que se vive en la Escuela Oficial de Idiomas de Málaga: la ausencia de un profesor de Portugués durante un período de dos meses, hecho del que se hacía eco La Opinión de Málaga el pasado mes de diciembre en un acto de compromiso con la realidad diaria de nuestro entorno y por el que un puñado de estudiantes le estamos justamente agradecidos. En efecto: hace ya sesenta días que se produjo un curioso trasvase de un miembro del profesorado de la Escuela de Idiomas de Málaga: de impartir clase en determinados cursos pasó a darla a otros dejando sin profesor a un total de dos grupos de alumnos. Sin querer plantear la legalidad de tal alteración, por otra parte, nunca anunciada a los propios estudiantes, que, de un día para otro, se encontraron sin clase y sin profesor, se hace necesario sacar a la luz un estado de las cosas que en absoluto se corresponde con las descripciones ideales que algunos creen que se ajustan a la realidad. Abandonemos, pues, los mundos de Yupi y demos a conocer el muy cutre panorama que se está viviendo en la enseñanza de un idioma como el Portugués, hablado de forma habitual por más de 200 millones de personas. Sí: el portugués también existe, Portugal está ahí al lado y la enseñanza de la lengua portuguesa en Málaga está siendo tratada por la Administración con la mismísima punta del pie.

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